Bob Dylan - Subterranean Homesick Blues



- Blues Nostálgico Subterráneo -

Johnny está en el sótano
mezclando la medicina,
yo estoy en la acera
pensando en el gobierno,
el tío de la trinchera,
fuera la insignia, despedido,
dice que ha cogido un catarro,
quiere que le paguen por ello.
¡Cuidado Chaval,
has hecho algo!
Dios sabe cuando
pero estás haciéndolo de nuevo,
mejor esfúmate en la callejuela
buscando un nuevo amigo,
el hombre del gran redil
con la gorra de piel de mapache
quiere once dólares en billetes:
tú sólo tienes diez.

Maggie viene veloz,
la cara llena de negro hollín
habla de que el calor pone pruebas
incriminatorias en la cama pero
el teléfono está intervenido,
de todas modos Maggie dice lo que muchos dicen
deben romperse a primeros de mayo,
órdenes del D.A.
¡Cuidado, chaval,
no importa lo que hicieras!
Anda de puntillas,
no lo intentes, “No Doz”,
mejor aléjate de esos
que llevan una manguera de fuego,
mantén limpia la nariz,
guarda la ropa de calle,
no necesitas al hombre del tiempo
para saber por dónde sopla el viento.

Ponte enfermo, ponte bien,
inclínate en un tintero,
llama timbres, es duro decir
que algo se va a vender,
prueba fuerte, guárdate,
vuelve, escribe Braille,
enciérrate, salta fianzas,
si fracasas alístate en el ejército.
¡Cuidado chaval,
vas a conseguir que te den!
Solamente perdedores, tramposos,
usadores de sexta mano,
haraganean en los teatros,
chica cerca del torbellino
buscando un nuevo tonto,
no sigas a los líderes,
vigila los parquímetros.

Ah, consigue nacer, mantente caliente,
acorta pantalones, sueña, aprende a bailar,
vístete, bendícete,
intenta tener un triunfo,
gústala, gústale, compra regalos,
no robes, no plagies,
veinte años de instrucción
y te ponen en el turno.
¡Cuidado chaval,
lo mantienen todo escondido!
Mejor salta dentro de una alcantarilla,
enciéndete una vela,
no lleves sandalias,
intenta evitar los escándalos,
no seas un holgazán,
mejor masca chicle
la bomba no funciona porque los
ladrones se llevaron las manillas.
Con los ojos cerrados
deslumbrado por el sol
de las ocho de la mañana,
sentado sobre el asiento del piloto.
Hoy que he conseguido
que me haga caso la mujer
que he deseado durante tantos años,
hoy que no me he conformado
con sólo besarla
debajo de la colcha de mi cama,
sale el sol de las ocho de la mañana
y se queda ahí el muy cabrón,
mirándonos,
mientras ella acurrucada sobre mí,
casi durmiendo,
me pregunta:
¿Qué es lo que sientes?
y yo me río
porque sólo sé reír
cuando el sol suda
el alcohol que se bebió
durante la noche la luna,
le digo que ya lo sabe
que siempre me había atraído
desde antes incluso
de ser suficientemente hombre,
sabe que hubo noches
que me escondí para no verla
porque sabía que no tenía el valor
de decirle que no al deseo,
la losa de la conciencia
no regatea con las obligaciones,
no tiene ficha en el juego
de las concesiones.

se hace el silencio

Con los ojos cerrados
ella sigue como durmiendo,
yo acariciando su espalda
con el sol de cara,
esperando una señal
para poder por fin
mirarla a los ojos
y acariciar sus labios
morder el cuello
de el amor más platónico
que conoce mi pobre literatura,
de la palabra más corta
que se escribe con la lengua del amanecer,
la que se deletrea con una sola letra,
la ordenada entre la efe y la hache,
la que vive de mi pecado y su cuerpo,
la que no se cansa de vocalizar mi boca
y de chillar sin garganta mi corazón.

Con los ojos cerrados
noto que lentamente
va levantando la cabeza,
y yo, poco a poco,
voy abriendo los ojos,
y ahora siento haberlos abierto
estas horas de la mañana
no juegan a favor de nadie
y al mismo tiempo
que empiezo a besarla
los vuelvo a cerrar,
todos sabemos que es mucho mejor
besar durante la noche,
así que decido no volver a abrirlos
al menos mientras la luna no se apodere del día,
el sol es demasiado avispado,
demasiado vivo,
para que cualquier enamorado
no se dé cuenta de lo engañado
que está.

Con los ojos cerrados
tumbado sobre ella
pienso que pronto
estaré en mi cama otra vez,
idealizando lo que ha pasado
durante la noche,
pensando la mejor manera
para que el deseo no cambie de rostro
porque la mujer sobre la que ahora estoy tumbado
fue ese rostro durante mucho tiempo,
fue el alimento de muchas fuerzas,
fue la mejor carnaza para momentos de realidad,
el cebo preferido para que mis sueños
se hicieran con ella
y yo pudiera vivir y soñar
dos condiciones indispensable para poder respirar.

Ahora que mantengo los ojos bien cerrados
llego a la conclusión que lo mejor
es no volver a abrirlos
mientras el sol vaya ganando batallas
y la luna siga ganando la suyas
es la mejor opción para todo mutilado de guerra
que desea que algún día
la mujer preferida de la noche acabe con ella
y pueda abrir bien los ojos
y ser consciente de mis heridas
sin temor a cegarme, otra vez, con la luz del sol.


Mutilado de guerra
Las sabanas blancas
de tu cama
delatan
que la sangre
no se acordó hoy
de ti.

Los periódicos
no publican
la huída
de ningún pájaro
mal herido
de tu nido.

Las nubes
de algodón
dejan entrever
el cielo maravilloso
que te ilumina
desde que no
te acuerdas de mí.

El mar
esta en calma
y el viento
descansa
después de muchas noches
de borrascas interminables
y ruidos incesantes.

Los asesinos
limpian sus cuchillos
sosegados
sentados en el banco
que se ve justo
desde tu ventana.

Los moteles están vacíos
y se acaban de limpiar
los últimos rotos
de las noches sin medida

La vida
sigue andando
también detrás
de la amargura existe
un rueda
que lo aplasta todo.

La música
se olvida
de entonar notas tristes
y canta
la canción preferida
del amanecer
justo
cuando
tus ojos se abran a él
y tu boca sonría
al día después de ayer.


La rueda de la vida