En una casa para locos

vi lo ocurrido todavía.

Las páginas del dolor esquivado

en las mejillas del ausente.

Un árbol se parece allí

al espontáneo que no

espera ni una piedra. Los que aúllan

con imágenes tristes

lindan con un perro que muere.

El instante del agua solar

está muy lejos de la mano. Los

compañeros en la dilación

crean charcos

con los ojos nomás.


Compañeros. (Juan Gelman)
La mano que reposa en la mano de amante,
jugando con la joya de algún aniversario.

Los tacones rojos de una puta vestida de rojo
por el pasillo de un hotel de alfombras rojas.

La adolescente que se pone los calcetines escoceses
en un almacén de bebidas,
sentada sobre un fardo de cartones, mirando su reloj,
contando unos billetes.

El jubilado que vuelve
a casa con un ramo
de rosas sin abrir -y medio siglo
vivido ya- con esa vieja
que cocina sin sal y apenas habla.

El cliente del peep-show, mirando
a través del cristal de la cabina
-como un caleidoscopio de quimeras y bragas-
el girar de unos cuerpos que sonríen.

El muchacho que entra en el bar de ambiente
con ojos de gacela lastimada.

El viajero que besa la foto familiar.

El viajero que desliza
por el mostrador la tarjeta
de crédito y se pierde
con la muchacha elegida por el laberinto de los reservados
bajo las luces especiales de un reino de peluche.
El que pronuncia un nombre, y no se duerme,
y abraza la almohada,

Los colegiales que se besan en los jardines del internado.

La separada joven que mira el teléfono,
rogándole que suene.

El señor atildado que detiene su coche en una esquina
y cierra un trato
con el chapero de las zapatillas de deporte.

El niño que busca el cuarto oscuro
para quedarse a solas con la gélida
imagen de una modelo de revistas de moda.

Contra nosotros mismos: lo que llamamos amor.

Y cada cual pronuncia esa palabra
con un secreto temor y una secreta demencia.


La palabra. (Felipe Benítez Reyes)
1
Nos hemos hecho daño
y el tiempo ya no pasa indiferente.
Por qué es tan alto el precio del olvido
no sabemos, y herimos
con una relajada displicencia
aun teniendo muy claro que algún día
alguien recordará el dolor que le causamos,
porque el dolor persiste en la memoria
con una obstinación insobornable,
y es fiel, y es rencoroso, y el perdón no le afecta.

Nos hemos hecho daño.
Y la juventud dorada era de nieve.

2
Para el amor altivo la condena
de un alto dolor. Para el amor
que se enfrenta a la muerte,
iluminando la tiniebla con fuegos de artificio,
para ese amor la herida
de las crepusculares sombras.

Para el amor que ignora la sustancia
funeral de la rosa, turbio aroma de un día;
que desconoce destrucción y nada sabe
del peso oscuro que en el alma dejan
los años, que van huyendo
como lobos heridos por un bosque de niebla.

Para el amor altivo ya sabéis: ese fuego
de llamaradas lentas donde arde
como una estrella enferma el corazón.

Para el altivo amor nunca hay olvido:
su dardo está clavado
en el centro sombrío de la vida.

3
Hay siempre mar de fondo en el amor.
Hay siempre lunas muertas, estrellas despuntadas,
sombras de muertos ángeles.
Hay siempre nubes negras y el cadáver de un cisne.

Hay un viento que arrastra los jirones de niebla
y una mano enemiga que desgarra la niebla.
Hay siempre mar de fondo,
siempre esconde el amor su aurora oscura.


Palabras privadas. (Felipe Benítez Reyes)
1
La religión ha muerto,
si resucita Creeré.

2
Sin fe sólo hay miedo.

3
¿A quién debo rezar?

4
El juzgado casa a civiles
y divorcia a animales.
Los hijos se vuelven objetos.

5
Me arde el alma.

6
¿A quién debo confesarme?

7
"La fe como la poesía:no se piensa, se siente."

8
Me comprometo a la soledad
de un universo personificado.

9
A solas no encuentro respuestas.

10
El amor casto e irreductible
embellece los libros.

11
Busco un alma que no dé sólo carne.


Alma sin carne
"¿A quién le doy tantas caricias que sobraron,
aquellas que olvidé ponerte sobre el pecho?". Carilda Oliver Labra

"Todo espera, menos aquel perfume de las rosas
rendidas a la sombra de tu mano...". Esperanza Ortega

"No sabré del sabor de tu boca dormida.
No acunaré a tus hijos. No beberé tu vino". Josefa Parra

"...Sólo sé que pasó por este mundo
como una paloma fugitiva:
la olvidé sin quererlo, lentamente...". Nicanor Parra

"...Ingenuas compañeras de un recuerdo
que nace en la raíz de la conciencia...". Fernando Paz castillo

"Todo lo que supe de ti
lo aprendí en los libros
y a lo que faltaba, yo le puse palabras". Cristina Peri Rossi

"...Te advertí, corazón, que era inasible,
que no adoraras tanto un imposible
para que no sufrieras su desdén...". Jorge Robledo Ortiz

"Estás allá y estás aquí conmigo
y lo sabemos sin saberlo cómo...". Jorge Rojas

"...Muchas veces me pregunto
qué hacíamos tú y yo antes de querernos...". Carlos Sahagún

"...Cada beso perfecto aparta el tiempo,
le echa hacia atrás, ensancha el mundo breve
donde puede besarse todavía...". Pedro Salinas

"Acuérdate del día en que un poema
te liberó del mundo y sus engaños...". María Sanz

"...Deja que con tus ojos se fascinen,
como aves de leyenda, mis dolores...". Luis Gonzaga Urbina

"He soñado una fuga. Un «para siempre»
suspirado en la escala de una proa...". César Vallejo

"...Y yo había pasado por la vida
tan sólo de paso, lejana de mí misma.". María Zambrano


A media voz. (Tercera parte)
1.
De Brassens aprendí la minuciosa
manera de rimar lo nunca oído,
de Gardel el insomnio del olvido,
de Dylan la insolencia caprichosa.
De Lou Reed la amanita venenosa,
de Paco Ibáñez el jardín florido,
de Krahe la ecuación del bien nacido,
de Luis Eduardo el mar color de rosa.
De Modugno Sanremos veniales,
de Juan Luis Guerra la oración del huerto,
de Chavela rencores vaginales.
De Camarón el grito en el desierto,
de Chabuca jazmines coloniales,
de Serrat a cantar después de muerto.
2.
De Cohen la pasión de los profetas,
de Waits el bastardo crucigrama,
de Charly el aristócrata en pijama,
de Louis Armstrong burdeles y trompetas.
De los Stones zarcillos y braguetas,
de Yupanqui milonga y pachamama,
de Milanés la conga de la fama,
de Chico Buarque esdrújulas con tetas.
De Rubén Blades el diente de oro,
de Chicho el desparpajo frente al toro,
de Silvio la prosodia incandescente.
De Edith Piaf el indulto y la condena,
de Billie Holiday el alma en pena,
de José Alfredo el credo de la gente.


Mis juglares. Dos sonetos. (Joaquín Sabina)
Caminaron los poetas
sobre el infierno letal y
la primavera espléndida,
trabajando palabras
románticas y
rimas consonantes.

Los demás vistieron al miedo
de nada, contrayendo todas
sus acciones.
Preguntadles dónde olvidaron
la llave de la habitación
de los trastos viejos.

Los días de hoy ya no
regalan minutos,
se ha de escribir cuando
se detiene el tiempo en la noche:
la voz evoca a la muerte
entre silencios de libertad.


La voz
"...No finjas más, no ocultes la excesiva
hambre de mí que te arde en la mirada...". Antonio Gala

"...Un nítido recuerdo del placer que hallé en ti
se dibuja en el aire contrariado de mi vivo deseo todavía.". Vicente Gallego

"Besas mi piel como indultando flores...". Ángel García López

"...Ahora soy más feliz. ¿Importa eso?
Sé que mientras te quise estuve vivo...". José Luis García Martín

"Esos cabellos sueltos, esos brazos,
esos pies que se hunden, leves, graves". José García Nieto

"...Tal parece que edito mi agonía
en el rosado mármol de tu frente...". Humberto Garza

"...Escribo en el olvido, en cada fuego
de la noche cada rostro de ti...". Juan Gelman

"...En cuerpos mucho tiempo unidos
la claridad grabó una espada...". Pere Gimferrer

"...La rutina del hablar y el pensar,
la exigencia de que hablar y no pensar
no se puede, ni pensar callando...". Alberto Girri

"Amor impostergable y amor impuesto.
Amor incandescente y amor incauto.
Amor indeformable. Amor desnudo...". Oliverio Girondo

"...Lo más difícil es que el corazón
recorra su distancia sin heridas...". Enrique García Trinidad

"...Vivir es detenerse con el pie levantado,
es perder un peldaño, es ganar un segundo...". Rafael Guillén

"...entre las diagonales de su cuerpo
mis pasos indecisos te buscaban...". Goya Gutiérrez

"...Habiendo robado lluvia de tu jardín
y tocado tu cuerpo, me duermo,
no se culpe a nadie de mi sueño...". Luis Hernández

"Tu boca se me marcha de mi boca
0y regresa con varios besos muertos..." . Miguel Hernández

"No vives ya de sinrazones.
¿Tan sola estabas alma mía?". José Hierro

"...¿Qué perfume usas? Y riendo le dije:
-¡Ninguno, ninguno!
Te amo y soy joven, huelo a primavera...". Juana de Ibarbourou

"Quería ser ave fénix, amor, qué engaño,
qué fraude sustentaba mi proyecto...". Amalia Iglesias

"...He contemplado a los pájaros
resolver en el vuelo el misterio del aire..". Juan Carlos Mestre

"...Y entre tu cuerpo y el mío
manará sin cesar la distancia...". Eduardo Mitre

"...Una naturaleza pequeña le conviene
a nuestro repentino y algo escuálido amor.". Vicente Molina Foix


A media voz. (Segunda parte)
Discrepo con el horóscopo:
"El frío enfermará las distancias y
no las dejará avanzar ni retroceder."

Cuéntame algo que no sepa:
"Tu sonrisa es para mí
lo que mis ojos."

Fácil pero prometo
que sin piel temblaré
a través del frío.
Te cambio todo mi ayer
por madrugar sin heridos
sobre alguna cama Griega.

Me dices que eres bruja,
yo guardo muchas
llaves maestras.
Mi bolsillo esta lleno
de piedras redondas
adornadas con las caras
de mis viejas Diosas.

Entre tú y yo, solamente,
la distancia perfecta,
directa a sitios perfectos:
tu pecho, tu espalda;
una vela y la música
de tu cabello.

Te grito. Sigo lejos.
No me oyes.

No notas el frío.
¿Conoces a Prometeo?

¡Caliéntame!,
aunque las cenizas
no pasen frío.


Distancias perfectas
"Es más sabio el amor cuando amanece,
cuando ya empieza a oírse la mañana,
por el camino largo, desierto de tu piel...". Luis García Montero

"...Pasas de largo
como si el viento soplase sólo para allá..." Manuel Scorza

"...Si el vacío me mira con tus ojos
vale más el vacío que la vida..." Felipe Benítez Reyes

"Los versos son la música del alma". Voltaire

"...El verso es al alma como al pasto el rocío..." Pablo Neruda

"La poesía es la embajadora del alma". James Howell

"...Goza el fresco paisaje de mi herida,
quiebra juncos y arroyos delicados.
Bebe en muslo de miel sangre vertida...". Federico García Lorca

"Tú no te irás, mi amor, y si te fueras,
aún yéndote, mi amor, jamás te irías.". Rafael Alberti

"...Hermosa tú, yo altivo; acostumbrados
una a arrollar, el otro a no ceder;
la senda estrecha, inevitable el choque...". Gustavo Adolfo Bécquer

"Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos...". Mario Benedetti

"...me acerqué a sus dos manos
sin dejar de mirarla
desde mi soledad hasta su boca...". Jorge Bocanegra


"...Debo fingir que hay otros. Es mentira. Sólo tú eres.
Tú, mi desventura y mi ventura, inagotable y pura...". Jose Luis Borges

"...Otras me amaron más, y, sin embargo,
a ninguna la quise como a ella...". José Luis Buesa

"...Todo el amor del bosque
me lo das en tu breve primavera..." Manuel del Cabral

"¿Pero existe el invierno? ¿Y es tan crudo
su rigor? Si es así, ¿qué mejor manta
para tu desnudez, que, yo, desnudo?...". Alfonso Canales

"Cada mirada nuestra está empañada;
cada palabra, esclava.
Nuestras vidas abate cada día
quien, por odio a la paz, nos unce al yugo...". Josep carner

"Si no te conozco, no he vivido; si muero
sin conocerte, no muero, porque no he vivido.". Luis Cernuda

"Me gustaría leer uno de los poemas
que me arrastraron a la poesía.
No recuerdo ni una sola línea,
ni siquiera sé dónde buscar". Leonard Cohen

"...De tanto amarte y tanto no quererte
te has cansado de mí y de mis locuras...". Luis Alberto de Cuenca

"...Y no soy yo que sufre sino el otro
El mismo mono milenario
Que se refleja en el espejo y llora...". Jorge Eduardo Eielson


"En tanto cabalgas temor, caminos,
potradas de noche y de voces, solitario
jinete ciego y ventoso, caído de golpe
en la paz, no pensado para siempre jamás." Salvador Espriu

"...Pienso en ti, en tus ojos, en tu tarde...
y me quisiera henchir como una vela
y me refugio en mi interior, cobarde...". Baldomero Fernández Moreno

"...A esto le dicen amor, ¿amor a esto?,
¿a este dolor de no tenerte?
Ay amor, amor, ¡amor que me muero!" Antonio María Flórez

"Lo mejor del olvido es el recuerdo...". Gloria Fuertes


A media voz. (Primera parte)
1
Horas muertas,
repetidas consecuencias
habitan mi cama.

2
Mañanas que borran
los sueños que despertaron
valientes la pasada noche.

3
El móvil memoriza
números.

4
Mensajes sin importancia
extienden necesidades
igual que tus sombras de luz
con mis recuerdos.

5
Las cajeras de hinojos
lengüetean.
Las musas diezman.

6
Puñales se clavan sin control
en El paso de los mujeres:
a la creación no ma la creo
sin los ojos de la perfección.

7
Barcelona o Zaragoza,
Cádiz o Jaén,
Europa o América.
Diligente
aunque el tiempo no apremie.

8
La luna sigue ahí.

9
La gata se lame
las heridas que pensó tener.

10
Sus ratones vuelven a sonreír.


Plagio de temores. (Sin pretensiones)

Advertencia | Felipe Benítez reyes

Si alguna vez sufres -y lo harás-
por alguien que te amó y que te abandona,
no le guardes rencor ni le perdones:
deforma su memoria el rencoroso
y en amor el perdón es sólo una palabra
que no se aviene nunca a un sentimiento.
Soporta tu dolor en soledad,
porque el merecimiento aun de la adversidad mayor
está justificado si fuiste
desleal a tu conciencia, no apostando
sólo por el amor que te entregaba
su esplendor inocente, sus intocados mundos.

Así que cuando sufras -y lo harás-
por alguien que te amó, procura siempre
acusarte a ti mismo de su olvido
porque fuiste cobarde o quizá fuiste ingrato.
Y aprende que la vida tiene un precio
que no puedes pagar continuamente.
Y aprende dignidad en tu derrota,
agradeciendo a quien te quiso
el regalo fugaz de su hermosura.
La última vez que hablamos
subiste a mi casa. Buscabas
explicaciones y yo
me las inventé.
Era de noche y hacía frío.
Y la luna nos delataba tumbados
sobre la hierba.

-"...cuando me dijiste
que querías dejarlo,
¿te referías a un tiempo o
más bien para siempre?
-...nada es para siempre.
-Si te lías con alguien
será para siempre.
¿Piensas liarte con alguien?
- No hay nadie, pero no sé
lo que pasará. Ahora mismo
necesito dejarlo, no podemos
seguir así. No estábamos bien.
- Eres un cabrón. He dado mucho
por esta relación.
- Y yo.
- Si te lías con alguien
no me llames más. Te borraré de
mi vida.
- Yo no te borraré de la mía.
No tengo porque hacerlo.
¿Nos vamos?
- Si quieres irte...

Luego te fuiste en aquel coche
blanco y feo,
tal y como viniste, sin respuestas.
El tiempo y mis acciones
te las acabarían dando.

Ahora ya sólo nos vemos
cuando se nos cruza
el azar en alguna discoteca o bar
donde tú haces que no miras y yo
sonrío por no poder decirte
de verdad, Adiós.

Más tarde, cuando ya te has ido
por no aparentar
que estabas ahí por mí,
cojo el móvil para llamarte
pero recuerdo que borré
tu número y con él
toda la poesía que había en ti.

------------------------------------

La primera vez que aquella
manta sucia, residente
en el maletero de mi coche,
se recostó sobre el aeródromo,
era de noche y hacía calor.
Por entonces,
siempre tumbados,
dibujábamos con los dedos
las posibles siluetas
de los pocas constelaciones
que sabíamos.

Entrada la noche seguíamos
desnudos y agitados
sobre la manta más sucia del mundo.
Las pulgas picaban
nuestros tobillos
pero el calor
que desprendían nuestros cuerpos
nos hacía creer
que era la sudor. Y nos gustaba.
Nos encantaba.

Toda tu poesía: una suma
del sexo con manual
más apasionado y loco
que tuviste y aprendiste
del muchacho más sabroso
que tu lista de huéspedes.
Y debería sumar también
tu necesidad por saber de mí,
de crearte un mundo sólo
para los dos.
Por último y no por eso
menos importante: tus ojos.
Esos ojos malditos que me hacen
idealizar sin excepción
a toda persona que los lleva.

Eso es todo. Quizás me importara
enviártelo pero he olvidado tu correo
y ésta es la única manera
de susurrártelo al oído.

Sabías que lo haría.

Pero no pido perdón, quizás mañana, hoy no.


De últimas noches y primeras
Para un cuadro de Agustin Ubeda

Greciano el caballero, de luto, y una dama.
El la mira pecando. Por un juego de espejos,
hay más damas -él piensa- que en la cama
desnudas se deleitan en tirarle los tejos.

Delante del camastro de colchas historiadas
el hidalgo mirón cata y mide muriente
la traza a la manola, su bella contendiente
de rostro paliducho y esferas sonrosadas.

El pubis de abanico rizado en miniatura
le tiene embelesado. (Ella mira hacia el techo,
temiendo que esta cita retrase la del cura.)

Y al fin el caballero, su honor en descalabro,
de ardores imposibles se desploma en el lecho.
La maja da un suspiro y apaga el candelabro.


LA MAJA Y EL VIEJO De «Vidas improbables». Felipe Benítez Reyes
De «Vidas improbables»
("Lucas Cebrián, Epigramático" )

1
Le dije que lo nuestro envenenaba
a los dos por igual, que era sensato
olvidarnos de todo, cada uno
tenía ya su vida, cada cual
su equipaje de sombras
en distintos andenes.

Muere siempre el amor
de forma violenta.
Ahora puedo
decir que soy el tipo
más desdichado de este mundo.

2
No pasa un día sin que alguna
institución me premie o agasaje.
Los banqueros me sientan a su mesa.
Me adulan los políticos.
Las mujeres se ofrecen, clandestinas,
a viajar conmigo a cualquier parte.

Y yo daría todo
por ver de nuevo, un solo instante,
a los pies de mi cama,
en el Hotel Embajador,
como dos amuletos desgastados,
los zapatos azules de Marcela Ruibal.

3
Cuando todo acabó
-de qué mala manera- entre nosotros,
no tuviste ocurrencia
mejor, ni más airosa,
que meterte en la cama
de todos mis amigos.
De ese modo -pensaste-
herirías por hondo, y en su centro,
mi vanidad de amante veleidoso.

Pobre niña dolida
y por falsos amores lastimada,
nunca sepas
que hoy tus artes
-y tu extraña manera de gemir-
son vulgar comentario
en vulgares tertulias de café.

4
(Ovidiana)

Puedes ir al Arco de las Comedias algún día
en busca de mujeres que merezcan el gasto,
pero no te detengas
en la Plaza del Cisne: tan sólo encontrarías
a señoras ufanas que se llaman Andrés.

5
Lo dice una canción: «Hay por lo menos
unas cincuenta formas
de dejar a una amante».
Yo he escogido
la más desesperada:
destruirme contigo hasta la muerte.

6
Cuando veo tu ropa tirada por mi cuarto,
me viene al pensamiento la imagen de esa niña
saliendo del colegio con su madre,
hace ahora tres años, y me siento
como un delincuente que acaricia
la mercancía robada,
con un olor de fondo
a goma de borrar y a caramelo.


EPIGRAMAS. Felipe Benítez Reyes
Te conocí una noche negra,
mis pies borrachos recorrían la discoteca
y mis ojos ya habían dejado de buscar
entre la masa de caras repetidas
que hace algún tiempo
ya me dejaron de interesar.

El chimpancé de la puerta vip
me dejó pasar, debió ser porque al entrar
cayeron algunos céntimos de mi bolsillo roto,
él los cogió con el sigilo propio de los simios
y gritó: "Ésto es una señal", mientras esnifaba
el medicamento que el camarero le vendió al llegar.


Bueno, estoy de suerte, pensé.
Ahora sólo me queda disfrazarme
de superficialidad y vomitar con tono
las canciones de los cuarenta principales
mientras procuro torear los maniquís de la sala
sin ningún propósito concreto.

Te recuerdo como si fuera ayer:
Una mujer hermosa que se plantó
delante mío y yo sorprendido
quise corresponder tanta belleza,
quizás con una conversación
que te hiciera sentir viva.

Esta vez no se trataba
de pupilas azules ni de sexo exprés,
aunque, mentiría si juro
que no hubiese dado mi lado derecho
por rozar tus labios
con mi boca plebeya.

Natalia bonita,
cabalgas belleza, bella.
Personificas el ideal
de la primera impresión.
Natalia radiante,
sueño de madrugada.

Mientras me hablabas
pensaba en las demás,
todas esas camareras chulas
que se excitan pero no sudan;
que se definen en los escotes
todas las noches negras.

Decidí volverte loca de sinceridad
para así, quizás, dejar una huella
en tu recuerdo que almenos
no olvidara mi nombre cuando por antojos
del destino nos volviéramos a ver
en esta ciudad pañuelo.

Sin duda me ayudó el cóctel molotov
que algunos minutos antes
me había bebida entre hipocresía
con alguna camarera impía,
hablo de las que hipotecan su futuro
a las pupilas hambrientas de los hombres maduros.

El reloj dejó de trabajar
y forcé las puertas de tu cielo
cuando, una detrás de otra,
vertí sobre ti todas mis indignaciones
con el mundo que seguramente representas
pero que como todos he llegado a anhelar.

"...tengo un reproche que hacerte:
eres tan simpática como maldita
por no representar el papel chulesco
que protagonizan las que están
por debajo tuyo. No es justo,
debería poder amontonarte con las demás"

Natalia bonita,
cabalgas belleza, bella.
Personificas el ideal
de la primera impresión.
Natalia radiante,
sueño de madrugada.

Ahora que ya sólo busco una conversación
que me vuelva a enamorar,
apareces tú y me das lo que ya no buscaba.
Te condeno a vagar por mi mente
el resto de mis días;
te condeno a saludarme cada noche.

Por dignidad serás inalcanzable
y me conformaré con sonreírte
mientras tu "James dean", jefe de todo,
no me considere, lógicamente,
un digno rival; un motivo
aparente para peinarse, la misma noche, más de una vez.


Oda a Natalia
Venticuatro años
más de mil mentiras encubiertas
por el que trabaja sólo de noche,
donde las mujeres buscan a su principe azul
los hombres se disfrazan de rana
y el amor es extensión de los sueños no cumplidos.

Tranquila ya sé
que ayer pintaste un cuadro color rojo
y tu manos rezaron cuando nadie te vio
con los ojos fijos a la ventana esperanza
que imaginaste en la oscuridad y
por la que todos hemos saltado alguna vez.

Vigila con tus pies
no sea que la repetición
te fabrique deformados los zapatos
y el conformismo
vuelva oro las piedras planas
de nuestro río hacia la eternidad.

Las estrellas saben de lo que hablo,
aunque las gatas no estén de mi lado
y la luna se haya refugiado temporalmente,
ayer noche vi unas escaleras subir
hacia tu balcón y,
sin embargo, preferí trepar por tu pelo.

La próxima vez que te pida un café
pídeme a cambio un poesía
de las que se recitan al oído
y sudan amor a las cuatro de la mañana.
De momento el poeta sigue tumbado,
tiembla si decide ir a por ti.

Juega con mi fuego,
tranquila no te quemarás más
de lo que me cuentan tus palabras.
Sólo hay algo que debes saber:
El tiempo de los sueños lo acabaremos
invirtiendo en conformismo de pura vocación.


El tiempo de los sueños
En sangre todos los fuegos
si lucen los cuerpos
en el cielo del conformismo,
más tarde naces en vergüenza
cuando intentas reaccionar.

Usado con pretensiones
si me vuelvo un perdedor
por aficionarme a recoger
las flores del campo. Ojalá
arda pronto la ciudad de plástico
para arder yo con ella.


Ciudad de plástico