Dos finales
Me parece que solo existen dos finales posibles: el olvido y el perdón. Y mucho me temo que el segundo es un eufemismo del primero.
El ser de mil años
Dicen los científicos que ya ha nacido el ser humano que vivirá 1000 años.
Me compadezco de él: 150 años de infancia, 90 de adolescencia, 560 de madurez y 200 de vejez.
Imaginen relaciones de 600 años: 50 años de pasión y descubrimiento. Luego, 100 años de estabilidad y rutina, seguidos por 50 años de conflictos y desencuentros. Después, 200 años de intentos de reconciliación y resignación. Para acabar, otros 200 años de separación.
¡Qué pesadilla! ¡Y qué feliz es la mosca de la fruta!
Juegos de mesa
Nos enamoramos jugando a juegos de mesa. Siempre competimos por ganar y ser el mejor. Era divertido. Estimulante.
Así fue el principio, y así tenía que ser el final, jugando en un tablero real: el juzgado.
Como siempre fue, ha sido muy divertido. Gracias por esta última partida. Y, gracias, por dejarme, otra vez, ganar.
Razón y verdad
Todos tenemos nuestra verdad, única e intransferible. Pero la razón solo hay una, y es universal para todos.
Si pierdes la razón, aunque grites tu verdad, perderás siempre todas las batallas sociales.
Solo deseo
Solo deseo un vida tranquila. Cuidar a mis hijos, llevarlos al cine. Estar ahí cuando más me necesiten. No juzgarlos. Estar presente en la distancia. Un faro siempre encendido en la oscuridad.
Solo deseo un vida tranquila. Ir al cine una vez por semana. Un festival por temporada y un concierto en cada estación. Conocer sitios nuevos donde comer sea especial. Y bailar toda la tarde cada vez que el cuerpo me lo pida.
Solo deseo un vida tranquila. Lejos de ti y de tus caprichos. Sin reproches. Libre de culpa y cuentas pendientes. Sin problemas semanales ni quejas diarias.
Solo deseo un vida tranquila junto a ti. Abrazarte todas las noches. Desayunar juntos. Desearnos un buen día. Coger el tren y dormir en la otra punta de mapa.
Solo deseo y, os prometo, que la voy a tener.
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