No quedó más que sol,
el cabrón cegador que enloqueció de amor.
Seguro que sigues bordando mi nombre,
yo, sin embargo, regalo recuerdos en tu honor.

Me doy cuenta de lo que querías de mí
buscando ese primer amor que nunca desapareció.
Me temo que tus últimas iras sólo buscaban
crucificarme en la cruz de tu canción despechada.

Ahora que te busco de vez en cuando
intentando que me devuelvas lo que te di
tú no quieres mover ni la mente ni el cuerpo
te entiendo, tu alma gemela regresó al yo partir.

Te confieso que ya sólo confío en la luna,
ésa es mi única e immensa fortuna.
La que no se pone en las madrugadas alcoholizadas,
la que me espera con su risa bonita y fresca.

Mi niña bonita la que llora sin insultar,
la que bebe de mí sin agotarme,
la que me exige sin pedir nada,
la única que suma días sin tachar.

Y no queda más que la luna:
cuna de oro donde durmió mi amor.
Últimamente me acuerdo mucho más de su nombre,
ella, sin embargo, nunca se olvidó.


No me queda más que luna
Un día soñando un sueño soñé
que no tendría que volver
a escuchar al muchachito
tocando el bombo del miedo.
Ojalá no me hubieses conocido nunca


M.B.I

Tocarte es agradable
si desparasitas mi cuerpo
o a mi recuerdo
de esos pequeños pero bellos
ortópteros y coleópteros
que no escatiman en los burdeles
de mi autopista insecticida
la puta con sombrero de leopardo:
mi insatisfacción.
Seguro que el futuro
de mi himnótico gobierno
estará conmigo de acuerdo
imitando a los escarabajos
se firma el tratado anclado
a la charca de tu rendición.
Ya lo hice otra vez
volví al juego
y volví a perder.

- He vuelto a la ciudad.
Se repite el cocuyo
mientras repasa el plan
que le ha de convertir
en el Rey del lugar.
- Primero pasaré desapercibido
un par de semanas
entre mis semejantes del reino animal.
Con los zapatos limpios
e impregando con el perfume santo
de las apariencias
se prepara para empezar a imitar.
- Esto funciona.
Un mes después
su foto es oro
sus palabras son ovacionadas
y un beso es peso suficiente
para comprar su ciudad prenatal.

Quiso convertirse en una princesa
de labios sabor a trident fresa,
pero la Cantárida
sólo pudo ser medicina
aplicada en parche sobre la piel
de los enfermos alcohólicos
por el ron y la miel.
Su color verde la delató
y la ahogaron a escupitajos
venenosos pero poderosos
de la multitud envidiosa y asquerosa
de su comunidad de vecinos
que en las ramas de los tilos
procrean pero eso sí
sus mandíbulas perfectas
no igualan ni a la sonrisa risueña
ni a los ojitos sudados
de su carita haciendo el amor.

El gorgojo moroso
debe más de lo que piden
después de todo un año
alimentándose del gramo
vendido por los farmacéuticos
tan fotogénicos con su nariz marchita,
rostros molidos por los molinos de la necesidad.
En la farmacia de la esquina
le recomiendan no volver a pisar
los límites de su consciencia;
la última vez confundió
a su madre con un cadáver hipotecado al cianuro
de su bienestar pasado, presente y futuro.
Pero esta vez fue diferente
el gorgojo moroso no llegó
a cruzar las doce rayas del paso de zebra
que por regalo de cumpleaños
otro farmacéutico volcó para él.


Bellos Coleópteros
LLegó el carnaval a la ciudad
y vuelvo a disfrazarme
de truhan, rompecatres y demás.
Las calles se visten de amor exprés,
descafeinado con sabor al licor
que aún recorre tu boca a las seis.
Tetas repletas de pasión
y entrepiernas formando ángulos perfectos
donde destrozar su ropa interior.

Pero es ese amor que aún proceso
el que me impide ser provocativo ante ti,
pero es ese recuerdo que tengo de ti
el que se refleja en todo picadero perdido.

Balada del carnaval canalla
que baila con mis hormonas otra vez
arrancando los trozitos de tu metralla.
Hipnotizado por las caras
que mi sangre alcoholizada
transforma en oro para mis ojos.
Las puertas de las pulperías
están todas abiertas
si las cruzas con el antifaz de la alegría.

Pero es esa ternura que sembraste
la que retrocede mis zapatos a mis pies,
aunque la vulgaridad baña mi voluntad
no creo que pueda volver atrás.

Y bailo y río y me disfrazo
y me vuelvo todo lo que quieran ver
y disfruto de la superficialidad
de la mejor balada del carnaval canalla.


Balada del carnaval canalla
Extraño,
ya soy un vulgar extraño
cuando paso por tu lado.


Extraño

EL NIÑO YUNTERO. (Miguel Hernández)

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
resuelve mi alma de encina.

Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.
Sin violencia
las alas se vuelven
torpes y pesadas
Con contundencia
vuelvo
al arrepentimiento
y fracaso otra vez

Se me fracturó
mi mejor pie para el cojeo


Cojeo
Las luces
no apuntan a tu solera
ni en iguales partes
reparten nuestra lógica
los rayos
acuchillan el horizonte
por el que andan tus zapatos
mientras distintos coleópteros
reducen mi devoción
a una mancha en el pasado

entonces
el egoísmo se reproduce
en mis dos mitades
y retrocedo
y concluyo inesperadamente


.