Tocarte es agradable
si desparasitas mi cuerpo
o a mi recuerdo
de esos pequeños pero bellos
ortópteros y coleópteros
que no escatiman en los burdeles
de mi autopista insecticida
la puta con sombrero de leopardo:
mi insatisfacción.
Seguro que el futuro
de mi himnótico gobierno
estará conmigo de acuerdo
imitando a los escarabajos
se firma el tratado anclado
a la charca de tu rendición.
Ya lo hice otra vez
volví al juego
y volví a perder.

- He vuelto a la ciudad.
Se repite el cocuyo
mientras repasa el plan
que le ha de convertir
en el Rey del lugar.
- Primero pasaré desapercibido
un par de semanas
entre mis semejantes del reino animal.
Con los zapatos limpios
e impregando con el perfume santo
de las apariencias
se prepara para empezar a imitar.
- Esto funciona.
Un mes después
su foto es oro
sus palabras son ovacionadas
y un beso es peso suficiente
para comprar su ciudad prenatal.

Quiso convertirse en una princesa
de labios sabor a trident fresa,
pero la Cantárida
sólo pudo ser medicina
aplicada en parche sobre la piel
de los enfermos alcohólicos
por el ron y la miel.
Su color verde la delató
y la ahogaron a escupitajos
venenosos pero poderosos
de la multitud envidiosa y asquerosa
de su comunidad de vecinos
que en las ramas de los tilos
procrean pero eso sí
sus mandíbulas perfectas
no igualan ni a la sonrisa risueña
ni a los ojitos sudados
de su carita haciendo el amor.

El gorgojo moroso
debe más de lo que piden
después de todo un año
alimentándose del gramo
vendido por los farmacéuticos
tan fotogénicos con su nariz marchita,
rostros molidos por los molinos de la necesidad.
En la farmacia de la esquina
le recomiendan no volver a pisar
los límites de su consciencia;
la última vez confundió
a su madre con un cadáver hipotecado al cianuro
de su bienestar pasado, presente y futuro.
Pero esta vez fue diferente
el gorgojo moroso no llegó
a cruzar las doce rayas del paso de zebra
que por regalo de cumpleaños
otro farmacéutico volcó para él.


Bellos Coleópteros