La puta, pegada a mis zapatos, y mi alma
-una alma que sigue en duda-
son amigas.

Se odian a muerte
pero comparten el peine y la falda.


Formas gemelas
Te agito las ansias
y no recibo más que aplausos.
En la cuerda floja te sostengo
y no consigo burlar tus copiosos abrazos.
De noche me pierdo y me dibujas
el camino a casa. Si me da por engañarme
no tardas en convencerme y retomo el sueño.

He roto con el miedo para casarme a ti.


Te agito

Vuelta a casa

- Soy yo, el carcelero. ¿No me reconoces? Guardé de tus padres, de tus abuelos y pronto de tus hijos. Sólo me faltas tú. 
Vamos ven conmigo, vamos. Cógeme de la mano y te daré sitio. 

- Lento, despacio, cuidado con los charcos. ¿No querrás entrar en mi casa con los zapatos mojados? Más despacio, despacio, cuidado con esa rama. Ya estamos, ya hemos llegado. Entra. 

- ¿Te gusta? Ahora olvida. Olvida, olvida. El recuerdo sufre, y sufrimos. 

- ¿Qué hay escrito en esa pared? 

- Nada sólo un aviso. Relájate y olvida. Olvida.
tan tantan tan
tun tuntun
tan tantan tan
tun tuntun
tun tuntun tuntun tuntun tun
tan tantan tan
tun tuntun

John Lee Hooker me envuelve/

su sombrero me gusta/

la melancolía ama el silencio/


tan tantan tan
tun tuntun
tan tantan tan
tun tuntun
tun tuntun tuntun tuntun tun
tan tantan tan
tun tuntun
Que los ruidos te perforen los dientes,
como una lima de dentista,
y la memoria se te llene de herrumbre,
de olores descompuestos y de palabras rotas.
Que te crezca, en cada uno de los poros,
una pata de araña;
que sólo puedas alimentarte de barajas usadas
y que el sueño te reduzca, como una aplanadora,
al espesor de tu retrato.
Que al salir a la calle,
hasta los faroles te corran a patadas;
que un fanatismo irresistible te obligue a prosternarte
ante los tachos de basura
y que todos los habitantes de la ciudad
te confundan con un madero.
Que cuando quieras decir: "Mi amor",
digas: "Pescado frito";
que tus manos intenten estrangularte a cada rato,
y que en vez de tirar el cigarrillo,
seas tú el que te arrojes en las salivaderas.
Que tu mujer te engañe hasta con los buzones;
que al acostarse junto a ti,
se metamorfosee en sanguijuela,
y que después de parir un cuervo,
alumbre una llave inglesa.
Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto,
para que los espejos, al mirarte,
se suiciden de repugnancia;
que tu único entretenimiento consista en instalarte
en la sala de espera de los dentistas,
disfrazado de cocodrilo,
y que te enamores, tan locamente,
de una caja de hierro,
que no puedas dejar, ni por un solo instante,
de lamerle la cerradura.


Que los ruidos te perforen los dientes - Oliverio Girondo
Siempre llega mi mano
más tarde que otra mano que se mezcla a la mía
y forman una mano.

Cuando voy a sentarme
advierto que mi cuerpo
se sienta en otro cuerpo que acaba de sentarse
adonde yo me siento.

Y en el preciso instante
de entrar en una casa,
descubro que ya estaba
antes de haber llegado.

Por eso es muy posible que no asista a mi entierro,
y que mientras me rieguen de lugares comunes,
ya me encuentre en la tumba,
vestido de esqueleto,
bostezando los tópicos y los llantos fingidos.

Dicotomía incruenta - Oliverio Girondo
A los cercanos se les grita.
A los lejanos se les aplaude e invita
a Casa Silencio.
Te regalaran rosas el primer día.
La radio te la apagarán si se habla.
Y siempre se escucha y se responde
en Silencio.

MUY IMPORTANTE:
"La duda en la simpleza apesta"
por eso YO siempre desaparezco.

No hay que decir que con el tiempo
me he vuelto una ristra de ceros.

Cero cero cero cero cero cero cero...


Soy una ristra de ceros