Vuelta a casa

- Soy yo, el carcelero. ¿No me reconoces? Guardé de tus padres, de tus abuelos y pronto de tus hijos. Sólo me faltas tú. 
Vamos ven conmigo, vamos. Cógeme de la mano y te daré sitio. 

- Lento, despacio, cuidado con los charcos. ¿No querrás entrar en mi casa con los zapatos mojados? Más despacio, despacio, cuidado con esa rama. Ya estamos, ya hemos llegado. Entra. 

- ¿Te gusta? Ahora olvida. Olvida, olvida. El recuerdo sufre, y sufrimos. 

- ¿Qué hay escrito en esa pared? 

- Nada sólo un aviso. Relájate y olvida. Olvida.