una carretera de idas y venidas
un camino dibujado en el vacío
nos enlazamos a la misericordia
de la dama mentirosa del amor
la alegría no es más que pena
entre tanta desolación.
El desván lleno de rotos
las maletas repleta de besos
un dolor recuerda "te prometo cicatrices"
otro te dibuja sonrisas a cualquier precio.
La silueta no pudo ser entendida
los pasos sobrados caminan lejos
de la voz que siempre repite
la misma trágica canción
la que invita
a rondas y más rondas
de tragos demasiado amargos.
La nada es buen lugar
donde encontrar
las palabras de la mañana
del primer amor
y la boca es la mejor razón
para besar sin ellas
al atardecer del último.
Sigo tan aburrido
en todas las esquinas que giro
ellas no saben hablar
y yo me vuelvo
y me observo
sigo tan incrédulo
tan ateo, tan receloso
de ti, de ella, de todas
que todas la miradas
son muy cortas
el sentido se pierde
el amor se olvida
las ganas se extravian
en cualquier rincón
del corazón.
Hizo un trazo el tedio
sobre mi espina dorsal
sigo atento a sus impulsos
las puertas del inconsciente
describen su lógica aplastante
el alimento, sólo sueños
convencidos de que no existo
los vampiros ya no me sangran
su bocas no buscan el frío
desprendido por la verdad de mi alma
cuando estoy aburrido y solo
en compañía de las palabras mudas
de los que se conforman con todo.
Los padres ya no quieren a sus hijos
los vientos no se someten a los huracanes
la vida está más muerta si respiro
cuando las voces recitan sus malditos refranes.
El final de la muerte
converge con el nacimiento de la vida
los ríos no saben decir si pecas
cuando Dios no está allí arriba.
La farsa del duende
acabó y el amor
ya no se enamora
a los infieles rechazan
si con el alcohol mienten
y prenden fuego
a los juramentos
el dolor tiñe sus tristes recuerdos
y la mentira sus fracasos eternos.
La farsa del duende