En el marco de la puerta perfectamente apoyada
esperando que no me vaya nunca por donde vine

de repente, tu corazón roto, en silencio, me pide

un último beso en la boca que le haga cicatriz

las heridas que provocó mi simple pero conciso adiós,

y yo, mientras tanto, junto al maldito ascensor,

que no se atreve a subir por miedo a bajar andando,
continuo tan frío como llegué helando a todo ser vivo,
me río porque no quiero ponertelo más difícil aún

y tú como una ola te lanzas sobre mis labios

besándome, mirándome, respirándome y volviéndome a besar

y me saben a lágrimas tus besos

y tus lágrimas humedecen mi cara y calan el corazón

y el corazón me sabe a sal.

Todo porque hoy nos cruzamos cruzando el puente
tus ojos seguían tan bonitos como los dejé
tus labios, algo confusos, me hablaban de lo dormida que estabas,

la neblina del río te daba la razón en esta tierra triste
donde lo único que abunda es la niebla al amanecer.
Y me dijiste de volvernos a ver,de tomar un café
y yo pensé que es mejor esperar
porque tus labios aún van y vienen con el mar
tus movimientos, tus pupilas
tus gestos, tus palabras siguen demasiado saladas aún
y yo ahora mismo no necesito llorar más


Besos salados