Sueño para el invierno. (Arthur Rimbaud)

En el invierno iremos en un vagoncito rosa
con almohadones azules.
Estaremos bien. Un nido de besos locos reposa
en cada una de las blandas esquinas.

Cerrarás los ojos para no ver a través del cristal
hacer señas las sombras de la noche;
esas ariscas monstruosidades, populacho
de negros lobos y negros demonios.

Después sentirás tu mejilla rozada.
Un leve beso, como una loca araña,
te correrá por el cuello.

Y me dirás: «Busca», inclinando la cabeza;
y dedicaremos nuestro tiempo a encontrar
ese animalito que viaja mucho.

Hambre. (Arthur Rimbaud)

Si a algo tengo afición, no será más
que a la tierra y a las piedras.
Yo siempre almuerzo aire,
roca, carbones, hierro.

Hambres mías, girad. Pastad, hambres,
del prado de los sonidos.
Atraed el alegre veneno
de las corregüelas.

Comeos los guijarros que otros rompen,
las viejas piedras de iglesia;
los cantos rodados de los viejos diluvios,
panes sembrados en los valles grises.

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El lobo gritaba bajo las hojas
escupiendo las bellas plumas
de su yantar de corral:
como él yo me consumo.

Las verduras, las frutas
sólo aguardan la cosecha;
pero la araña del seto
no come más que violetas.

¡Que duerma ya! Que hierva
en los altares de Salomón.
El caldo fluye sobre la herrumbre,
y se mezcla con el Cedrón.
Pretérito indefinido:

Yo lloré.
Tú mentiste.
Él calló.

Presente del indicativo:

Yo me rindo.
Tú me convences.
Él se explica.

Futuro perfecto:

Yo huiré.
Tú me odiarás.
Él te follará.


Tiempos verbales