Abe tiene veinte años y sus padres quieren que sea un trabajador y sufridor chico de pueblo. Pero él solamente quiere ver el mundo como su héroe, Woody Allen, considerado como uno de los directores más respetados y prolíficos de la era moderna. Para Abe, eso significa bromear tanto cínica como irónicamnete con sus amigos y familia, hasta que un día decide empezar a escribir un libro al más puro estilo Woody Allen, aprovechando la realidad tediosa pero cómica que le rodea. Al tiempo que va realizando su sueño, el libro va cobrando vida.
Pero los padres de Abe no entienden por qué no se calma y deja de pasarse todas las noches pegado al ordenador escribiendo mientras los demás intentan descansar esperando un nuevo día de agotador trabajo. Sus padres quisieran que Abe aprobara alguna oposición y se fuera de casa. No entienden por qué no puede parecerse a su hermana menor, Drusky, que tiene una relación estable con un Mosso y no crea problemas en casa. Abe sueña con acabar el libro mientras sobrevive a la rutina familiar, pero lo que desea su madre es que baje de las nubes y se ponga a trabajar de una vez. ¿Cómo no va a fracasar en la vida si sólo tiene pájaros en la cabeza? Pero Abe no puede olvidar que siempre quiso ser diferente; que siempre creyó que algo diferente le esperaba ahí fuera y ve en 'Quiero ser como woody' una manera de dar ese primer paso que le aleje de la realidad que rechaza y le acerque a un mundo nuevo que aún desconoce.


Quiero ser como Woody

Dos Woodyállenes de catorce. (Por Joaquín Sabina)

1.
Epístola de amor a Barcelona,
Woody Allen em sembla un tal Gaudí,
Rusiñol de las ramblas cuando sona
la bolsa Maradona de Dalí.

Ventrílocuo del Bergman de Persona,
del Groucho que vacila en sefardí,
del Fellini Amarcord que desentona
con las tetonas sin ajonjolí.

Días de radio, trenzas de rabino,
labios al pormenor, rubias platino,
balas sobre Broadway Danny Rose.

Blanco y negro de sepia y azulete,
bendito swing, bendito clarinete,
más dulce que el chupete de Kate Moss.

2.
En pleno corazón ex tripartito
del estatuto, maldito parné,
Woody Allen, el rico pobrecito,
parece el pijoaparte de Marsé.

Para la inmensa minoría mito
de cine club, selecto cabaré
donde Lolita alterna con don Vito
Corleone y Belmondo con BB.

Scarlett Johansson, tan prima dona,
tan fría, tan Bardem, tan calentona,
tan Aguirresarobe, tan cañí,

tan Penélope, Marnie la ladrona,
tan Times Square esquina Urquinaona,
¡Annie Hall! Ni Mia Farrow ni Soon Yi.

Al rencor. (Silvina Ocampo)

No vengas, te conjuro, con tus piedras;
con tu vetusto horror con tu consejo;
con tu escudo brillante con tu espejo;
con tu verdor insólito de hiedras.

En aquel árbol la torcaza es mía;
no cubras con tus gritos su canción;
me conmueve, me llega al corazón,
repudia el mármol de tu mano fría.

Te reconozco siempre. No, no vengas.
Prometí no mirar tu aviesa cara
cada vez que lloré sola en tu avara
desolación. Y si de mí te vengas,

que épica sea al menos tu venganza
y no cobarde, oscura, impenitente,
agazapada en cada sombra ausente,
fingiendo que jamás hiere tu lanza.

Entre rosas, jazmines que envenenas,
¿por qué no te ultimé yo en mi otra vida?
Haz brotar sangre al menos de mi herida,
que estoy cansada de morir apenas.