subiste a mi casa. Buscabas
explicaciones y yo
me las inventé.
Era de noche y hacía frío.
Y la luna nos delataba tumbados
sobre la hierba.
-"...cuando me dijiste
que querías dejarlo,
¿te referías a un tiempo o
más bien para siempre?
-...nada es para siempre.
-Si te lías con alguien
será para siempre.
¿Piensas liarte con alguien?
- No hay nadie, pero no sé
lo que pasará. Ahora mismo
necesito dejarlo, no podemos
seguir así. No estábamos bien.
- Eres un cabrón. He dado mucho
por esta relación.
- Y yo.
- Si te lías con alguien
no me llames más. Te borraré de
mi vida.
- Yo no te borraré de la mía.
No tengo porque hacerlo.
¿Nos vamos?
- Si quieres irte...
Luego te fuiste en aquel coche
blanco y feo,
tal y como viniste, sin respuestas.
El tiempo y mis acciones
te las acabarían dando.
Ahora ya sólo nos vemos
cuando se nos cruza
el azar en alguna discoteca o bar
donde tú haces que no miras y yo
sonrío por no poder decirte
de verdad, Adiós.
Más tarde, cuando ya te has ido
por no aparentar
que estabas ahí por mí,
cojo el móvil para llamarte
pero recuerdo que borré
tu número y con él
toda la poesía que había en ti.
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La primera vez que aquella
manta sucia, residente
en el maletero de mi coche,
se recostó sobre el aeródromo,
era de noche y hacía calor.
Por entonces,
siempre tumbados,
dibujábamos con los dedos
las posibles siluetas
de los pocas constelaciones
que sabíamos.
Entrada la noche seguíamos
desnudos y agitados
sobre la manta más sucia del mundo.
Las pulgas picaban
nuestros tobillos
pero el calor
que desprendían nuestros cuerpos
nos hacía creer
que era la sudor. Y nos gustaba.
Nos encantaba.
Toda tu poesía: una suma
del sexo con manual
más apasionado y loco
que tuviste y aprendiste
del muchacho más sabroso
que tu lista de huéspedes.
Y debería sumar también
tu necesidad por saber de mí,
de crearte un mundo sólo
para los dos.
Por último y no por eso
menos importante: tus ojos.
Esos ojos malditos que me hacen
idealizar sin excepción
a toda persona que los lleva.
Eso es todo. Quizás me importara
enviártelo pero he olvidado tu correo
y ésta es la única manera
de susurrártelo al oído.
Sabías que lo haría.
Pero no pido perdón, quizás mañana, hoy no.
De últimas noches y primeras