"Es más sabio el amor cuando amanece,
cuando ya empieza a oírse la mañana,
por el camino largo, desierto de tu piel...". Luis García Montero

"...Pasas de largo
como si el viento soplase sólo para allá..." Manuel Scorza

"...Si el vacío me mira con tus ojos
vale más el vacío que la vida..." Felipe Benítez Reyes

"Los versos son la música del alma". Voltaire

"...El verso es al alma como al pasto el rocío..." Pablo Neruda

"La poesía es la embajadora del alma". James Howell

"...Goza el fresco paisaje de mi herida,
quiebra juncos y arroyos delicados.
Bebe en muslo de miel sangre vertida...". Federico García Lorca

"Tú no te irás, mi amor, y si te fueras,
aún yéndote, mi amor, jamás te irías.". Rafael Alberti

"...Hermosa tú, yo altivo; acostumbrados
una a arrollar, el otro a no ceder;
la senda estrecha, inevitable el choque...". Gustavo Adolfo Bécquer

"Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos...". Mario Benedetti

"...me acerqué a sus dos manos
sin dejar de mirarla
desde mi soledad hasta su boca...". Jorge Bocanegra


"...Debo fingir que hay otros. Es mentira. Sólo tú eres.
Tú, mi desventura y mi ventura, inagotable y pura...". Jose Luis Borges

"...Otras me amaron más, y, sin embargo,
a ninguna la quise como a ella...". José Luis Buesa

"...Todo el amor del bosque
me lo das en tu breve primavera..." Manuel del Cabral

"¿Pero existe el invierno? ¿Y es tan crudo
su rigor? Si es así, ¿qué mejor manta
para tu desnudez, que, yo, desnudo?...". Alfonso Canales

"Cada mirada nuestra está empañada;
cada palabra, esclava.
Nuestras vidas abate cada día
quien, por odio a la paz, nos unce al yugo...". Josep carner

"Si no te conozco, no he vivido; si muero
sin conocerte, no muero, porque no he vivido.". Luis Cernuda

"Me gustaría leer uno de los poemas
que me arrastraron a la poesía.
No recuerdo ni una sola línea,
ni siquiera sé dónde buscar". Leonard Cohen

"...De tanto amarte y tanto no quererte
te has cansado de mí y de mis locuras...". Luis Alberto de Cuenca

"...Y no soy yo que sufre sino el otro
El mismo mono milenario
Que se refleja en el espejo y llora...". Jorge Eduardo Eielson


"En tanto cabalgas temor, caminos,
potradas de noche y de voces, solitario
jinete ciego y ventoso, caído de golpe
en la paz, no pensado para siempre jamás." Salvador Espriu

"...Pienso en ti, en tus ojos, en tu tarde...
y me quisiera henchir como una vela
y me refugio en mi interior, cobarde...". Baldomero Fernández Moreno

"...A esto le dicen amor, ¿amor a esto?,
¿a este dolor de no tenerte?
Ay amor, amor, ¡amor que me muero!" Antonio María Flórez

"Lo mejor del olvido es el recuerdo...". Gloria Fuertes


A media voz. (Primera parte)
1
Horas muertas,
repetidas consecuencias
habitan mi cama.

2
Mañanas que borran
los sueños que despertaron
valientes la pasada noche.

3
El móvil memoriza
números.

4
Mensajes sin importancia
extienden necesidades
igual que tus sombras de luz
con mis recuerdos.

5
Las cajeras de hinojos
lengüetean.
Las musas diezman.

6
Puñales se clavan sin control
en El paso de los mujeres:
a la creación no ma la creo
sin los ojos de la perfección.

7
Barcelona o Zaragoza,
Cádiz o Jaén,
Europa o América.
Diligente
aunque el tiempo no apremie.

8
La luna sigue ahí.

9
La gata se lame
las heridas que pensó tener.

10
Sus ratones vuelven a sonreír.


Plagio de temores. (Sin pretensiones)

Advertencia | Felipe Benítez reyes

Si alguna vez sufres -y lo harás-
por alguien que te amó y que te abandona,
no le guardes rencor ni le perdones:
deforma su memoria el rencoroso
y en amor el perdón es sólo una palabra
que no se aviene nunca a un sentimiento.
Soporta tu dolor en soledad,
porque el merecimiento aun de la adversidad mayor
está justificado si fuiste
desleal a tu conciencia, no apostando
sólo por el amor que te entregaba
su esplendor inocente, sus intocados mundos.

Así que cuando sufras -y lo harás-
por alguien que te amó, procura siempre
acusarte a ti mismo de su olvido
porque fuiste cobarde o quizá fuiste ingrato.
Y aprende que la vida tiene un precio
que no puedes pagar continuamente.
Y aprende dignidad en tu derrota,
agradeciendo a quien te quiso
el regalo fugaz de su hermosura.