Debo decírtelo, ahí va:

me he hecho en la Lógica una supercasa
donde cabe toda mi autoestima y seguridad.
Unas lámparas me alumbran los pies y
con una cerilla me apaño para el resto del cuerpo.

Me he fornicado cada poro infecto de miedo y pasado y
lo he substituído por calambre y palidez.

Lo he logrado, ahora sí que he llegado a mí.

Tu compungida y solitaria vida, llena de aparatos y trucos malos,
la he sofisticado con fórmulas y canciones.

Lo conseguí. He conseguido el Yo desde el tú, Usted de ti.


אבא שלי
Todo lo ocurrido es duro y corto, penoso y breve

y no me permito lo contrario.


Atardecer
Todas las cartas de amor son
ridículas.
No serían cartas de amor si no fuesen
ridículas.

También escribí en mi tiempo cartas de amor,
como las demás,
ridículas.

Las cartas de amor, si hay amor,
tienen que ser
ridículas.

Pero, al fin y al cabo,
sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor
sí que son
ridículas.

Quién me diera el tiempo en que escribía
sin darme cuenta
cartas de amor
ridículas.

La verdad es que hoy mis recuerdos
de esas cartas de amor
sí que son
ridículos.

(Todas las palabras esdrújulas,
como los sentimientos esdrújulos,
son naturalmente
ridículas).


Todas las cartas de amor son ridículas...-Fernando Pessoa