Cuidar de ella es como cuidar de él.
Con ella subo y bajo los recuerdos y
me lleva hasta su puerta:
quisiera entrar, decirle lo mucho que le extraño,
sobretodo los días en que siempre me veía sentado.
Al momento vuelvo a casa y me refugio y le escribo.
Así lo evito, driblo el abrazo cansado.
La pena le envuelve y no quisiera romper a llorar.
Aún así le veo, desprotegido, cansado.
pronto le abrirán las puertas del cielo y
olvidará su condena con piel redimida,
a un cielo del fracaso.
Absuelto
Me han fallado y ninguno se ha excusado.
La borrachera del segundo sigue de pie y
los abusos del primero son granizos incansables
que no estallarán nunca.
Ahora sus horas son burbujas que van desapareciendo
sobre sus cabezas: delicadas,
disfrazadas en la intranscendencia de sus vidas.
Siempre tenemos lo que merecemos dice Quique y yo,
llorando lo que viene, he robado dos bellas burbujas
que teñirán sus canas y perdonarán sus penas.
Me toca a mí dejar bien alto sus nombres.
para parar de llorar
La borrachera del segundo sigue de pie y
los abusos del primero son granizos incansables
que no estallarán nunca.
Ahora sus horas son burbujas que van desapareciendo
sobre sus cabezas: delicadas,
disfrazadas en la intranscendencia de sus vidas.
Siempre tenemos lo que merecemos dice Quique y yo,
llorando lo que viene, he robado dos bellas burbujas
que teñirán sus canas y perdonarán sus penas.
Me toca a mí dejar bien alto sus nombres.
para parar de llorar
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