Están tres rectángulos rojos

Están tres rectángulos gemelos de colores rojos e inmensos, impasibles, asentados en el espacio que se extiende infinitamente a su alrededor. Nada más. Solo tres rectángulos, inmutables, en el espacio y en el tiempo separados por una distancia ínfima e inalterable.

Una guerra, la única que se ha conocido, lo arrasó todo: seres y cosas. Al principio, lucharon dos seres airados; después, dos grupos de seres airados. Con el tiempo, dos grandes masas de seres airados, que ocupaban todo el horizonte con armas gigantes. Lucharon unos contra otros y la destrucción llegó a todos los huecos del espacio.

El fuego calcinó toda la vida y las cosas, excepto dos seres airados que siguieron luchando sin armas, con los puños, con los dientes, lanzándose piedras y escupitajos, insultándose. Con el tiempo, uno de ellos cayó al suelo y el otro se lanzó sobre él, pero falló y partió una roca. La roca se deslizó pendiente abajo. En su caída vertical, la roca creció chocando contra otras rocas y la tierra que las contenía. El alud de rocas y tierra creó una ola gigante que fue devorando el planeta. El temblor provocó terremotos; los terremotos, grietas gigantes. El planeta quedó destruido en el vacío.

Los dos seres, en su caída, siguieron luchando. Sus sombras se perdieron en la oscuridad. Con el tiempo, del espacio surgieron tres rectángulos gemelos de colores rojos e inmensos, impasibles, ajenos a la guerra que los originó.
Él busca la destrucción del alma
para convertirla en materia y liberarse.
Se transforma así. Busca la redención.

Y cíclicamente elige:
Autodestrucción o cotidianidad.

Yo
en mi último punto crítico
te elegí a ti.


El artista
1. Oscuras voces me angustian.

2. Vientos desgraciados del sur arrasan el norte.
3. Los tiempos modernos son la desdicha
y en sus manos descarrila 
un tren lleno de familias fugitivas.

4. El humo negro habita las calles, vacía las casas.

5. El grito está en el pueblo
en bombas de miedo
numeradas y acordonadas
que tiñen de tragedia la ciudad.

6. Piedras bañadas en oro ocupan los palacios.

7. La justicia es rica ajustada al divino.

8. En La hora de la verdad, la humanidad
cubre el sofá con ignorancia y tedio,
mientras los dioses discuten
cuánto oxigeno liberar para agotar sin ahogar.

9. La tormenta perfecta estalla
sobre nuestras vidas.

10. El pueblo se devora y la divinidad se descojona.


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