Las sabanas blancas
de tu cama
delatan
que la sangre
no se acordó hoy
de ti.
Los periódicos
no publican
la huída
de ningún pájaro
mal herido
de su nido.
Las nubes
de algodón
dejan entrever
el cielo maravilloso
que te ilumina
desde que no
te acuerdas de mi.
El mar
esta en calma
y el viento
descansa
después de muchas noches
de borrascas interminables
y ruidos incesantes.
Los asesinos
limpian sus cuchillos
sosegados
sentados en el banco
que se ve justo
desde tu ventana.
En los moteles
vacíos
se acaban de limpiar
los últimos rotos
de las noches sin medida
las señoras acaban
de barrer
los últimos rincones
donde el barro de las botas
es más difícil de quitar.
La vida
sigue andando
aunque tú estés mal
y tus lágrimas
no te dejen ver
que detrás de tanta
amargura existe
un rueda
que lo aplasta todo
para bien o para mal
esa maldita rueda
te aplasta si no consigues
mirar hacia adelante.
La música
se olvida
de notas tristes
y canta
la canción preferida
del amanecer
cuando tus ojos se
abren a él
y tu boca sonríe
al día después de ayer.
Podría seguir
pero prefiero
darte un beso de buenas noches
mañana será otro día
y quizás
con un poco de suerte
sea ese día.
Sábanas blancas
Con los ojos cerrados
deslumbrado por el sol
de las ocho de la mañana,
sentado sobre el asiento del piloto.
Hoy que he conseguido
que me haga caso la mujer
que he deseado durante tantos años,
hoy que no me he conformado
con sólo besarla
debajo de la colcha de mi cama,
sale el sol de las ocho de la mañana
y se queda ahí el muy cabrón,
mirándonos,
mientras ella acurrucada sobre mí,
casi durmiendo,
me pregunta:
¿Qué es lo que sientes?
y yo me río
porque sólo sé reír
cuando el sol suda
el alcohol que se bebió
durante la noche la luna,
le digo que ya lo sabe
que siempre me había atraído
desde antes incluso
de ser suficientemente hombre,
sabe que hubo noches
que me escondí para no verla
porque sabía que no tenía el valor
de decirle que no al deseo,
la losa de la conciencia
no regatea con las obligaciones,
no tiene ficha en el juego
de las concesiones.
se hace el silencio
Con los ojos cerrados
ella sigue como durmiendo,
yo acariciando su espalda
con el sol de cara,
esperando una señal
para poder por fin
mirarla a los ojos
y acariciar sus labios
morder el cuello
de el amor más platónico
que conoce mi pobre literatura,
de la palabra más corta
que se escribe con la lengua del amanecer,
la que se deletrea con una sola letra,
la ordenada entre la efe y la hache,
la que vive de mi pecado y su cuerpo,
la que no se cansa de vocalizar mi boca
y de chillar sin garganta mi corazón.
Con los ojos cerrados
noto que lentamente
va levantando la cabeza,
y yo, poco a poco,
voy abriendo los ojos,
y ahora siento haberlos abierto
estas horas de la mañana
no juegan a favor de nadie
y al mismo tiempo
que empiezo a besarla
los vuelvo a cerrar,
todos sabemos que es mucho mejor
besar durante la noche,
así que decido no volver a abrirlos
al menos mientras la luna no se apodere del día,
el sol es demasiado avispado,
demasiado vivo,
para que cualquier enamorado
no se dé cuenta de lo engañado
que está.
Con los ojos cerrados
tumbado sobre ella
pienso que pronto
estaré en mi cama otra vez,
idealizando lo que ha pasado
durante la noche,
pensando la mejor manera
para que el deseo no cambie de rostro
porque la mujer sobre la que ahora estoy tumbado
fue ese rostro durante mucho tiempo,
fue el alimento de muchas fuerzas,
fue la mejor carnaza para momentos de realidad,
el cebo preferido para que mis sueños
se hicieran con ella
y yo pudiera vivir y soñar
dos condiciones indispensable para poder respirar.
Ahora que mantengo los ojos bien cerrados
llego a la conclusión que lo mejor
es no volver a abrirlos
mientras el sol vaya ganando batallas
y la luna siga ganando la suyas
es la mejor opción para todo mutilado de guerra
que desea que algún día
la mujer preferida de la noche acabe con ella
y pueda abrir bien los ojos
y ser consciente de mis heridas
sin temor a cegarme, otra vez, con la luz del sol.
Mutilado de guerra
deslumbrado por el sol
de las ocho de la mañana,
sentado sobre el asiento del piloto.
Hoy que he conseguido
que me haga caso la mujer
que he deseado durante tantos años,
hoy que no me he conformado
con sólo besarla
debajo de la colcha de mi cama,
sale el sol de las ocho de la mañana
y se queda ahí el muy cabrón,
mirándonos,
mientras ella acurrucada sobre mí,
casi durmiendo,
me pregunta:
¿Qué es lo que sientes?
y yo me río
porque sólo sé reír
cuando el sol suda
el alcohol que se bebió
durante la noche la luna,
le digo que ya lo sabe
que siempre me había atraído
desde antes incluso
de ser suficientemente hombre,
sabe que hubo noches
que me escondí para no verla
porque sabía que no tenía el valor
de decirle que no al deseo,
la losa de la conciencia
no regatea con las obligaciones,
no tiene ficha en el juego
de las concesiones.
se hace el silencio
Con los ojos cerrados
ella sigue como durmiendo,
yo acariciando su espalda
con el sol de cara,
esperando una señal
para poder por fin
mirarla a los ojos
y acariciar sus labios
morder el cuello
de el amor más platónico
que conoce mi pobre literatura,
de la palabra más corta
que se escribe con la lengua del amanecer,
la que se deletrea con una sola letra,
la ordenada entre la efe y la hache,
la que vive de mi pecado y su cuerpo,
la que no se cansa de vocalizar mi boca
y de chillar sin garganta mi corazón.
Con los ojos cerrados
noto que lentamente
va levantando la cabeza,
y yo, poco a poco,
voy abriendo los ojos,
y ahora siento haberlos abierto
estas horas de la mañana
no juegan a favor de nadie
y al mismo tiempo
que empiezo a besarla
los vuelvo a cerrar,
todos sabemos que es mucho mejor
besar durante la noche,
así que decido no volver a abrirlos
al menos mientras la luna no se apodere del día,
el sol es demasiado avispado,
demasiado vivo,
para que cualquier enamorado
no se dé cuenta de lo engañado
que está.
Con los ojos cerrados
tumbado sobre ella
pienso que pronto
estaré en mi cama otra vez,
idealizando lo que ha pasado
durante la noche,
pensando la mejor manera
para que el deseo no cambie de rostro
porque la mujer sobre la que ahora estoy tumbado
fue ese rostro durante mucho tiempo,
fue el alimento de muchas fuerzas,
fue la mejor carnaza para momentos de realidad,
el cebo preferido para que mis sueños
se hicieran con ella
y yo pudiera vivir y soñar
dos condiciones indispensable para poder respirar.
Ahora que mantengo los ojos bien cerrados
llego a la conclusión que lo mejor
es no volver a abrirlos
mientras el sol vaya ganando batallas
y la luna siga ganando la suyas
es la mejor opción para todo mutilado de guerra
que desea que algún día
la mujer preferida de la noche acabe con ella
y pueda abrir bien los ojos
y ser consciente de mis heridas
sin temor a cegarme, otra vez, con la luz del sol.
Mutilado de guerra
Son las ganas de mostrarme
en realidad son las ganas de que la gente me vea tal y como soy
en definitiva son las fuerzas del tiempo indefinido
en el que he vivido hasta ahora
con la verdad en un puño
con la mentira por bandera
con la mierda disfrazada bañada en oro
son las ganas de verme en el espejo
todas las veces que abro la boca
para decir algo sea interesante o absurdo
que más dará
en realidad es mi yo el que se ha dejado de disfraces
en realidad soy yo, yo, yo, yo, y yo
yo estoy escribiendo sobre mí
no hay mejor sensación
mostrarme, exhibirme, insultarme, chuparme
pero siempre tal y como soy...
Tal y como soy
en realidad son las ganas de que la gente me vea tal y como soy
en definitiva son las fuerzas del tiempo indefinido
en el que he vivido hasta ahora
con la verdad en un puño
con la mentira por bandera
con la mierda disfrazada bañada en oro
son las ganas de verme en el espejo
todas las veces que abro la boca
para decir algo sea interesante o absurdo
que más dará
en realidad es mi yo el que se ha dejado de disfraces
en realidad soy yo, yo, yo, yo, y yo
yo estoy escribiendo sobre mí
no hay mejor sensación
mostrarme, exhibirme, insultarme, chuparme
pero siempre tal y como soy...
Tal y como soy
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