los pájaros nos miran
mientras nosotros
no miramos
concentrados
en el horizonte digital.
Quietos, congelados,
en silencio, en babia,
rodeados y solos.
Con ojos reparados,
desgastados, maltratados.
Sin defensa: incapaces
de asimilar toda esa luz azul.
Por el camino, absortos,
tropezamos y caemos,
y los pájaros, vivos,
se lanzan sobre nosotros,
reciclando nuestros ojos muertos.