Sin voz me arde el pecho por el grito sordo.
Luego oigo esa canción y me revientan los ojos
y en un segundo la calma se vuelca patas arriba.
Ahora mismo, el equilibrio es una fina línea en el silencio de la tregua.
Si vuelves, volvería la guerra.
Sin nosotros nado en aguas tranquilas donde
duele mucho menos la ausencia que la presencia.
Repasar sin emociones las fotos del comedor
me hace feliz.
Con tu vuelta, volverá la guerra.
Sin esta casa y los niños estaría perdido y loco.
¿Qué hacen los demás? ¿A quién engañan?
Pido unos meses más, que me alejen de todo,
que rompan con nosotros, lejos del ruido i las palabras heridas.
Volver, nos condena a la guerra infinita.