Doblaría el espacio-tiempo por la mitad,
solo para acercar tu cocina a la mía.
Luego, con un boli bic,
abriría un agujero de gusano
para colarme por él cada mañana
y desayunar juntos.
No te hablaría a través de la gravedad,
ni te molestaría con mi presencia distorsionada
mientras bebes café y repasas la agenda del día.
Ese instante, caprichoso y afortunado,
por disfrutarte justo antes que los demás,
me ayudaría a no sentirme tan solo y tan lejos,
en este universo en el que estoy
hecho de otros relatos paralelos.