Te oigo y hablamos y me convences porque leo en tus ojos que te arrepientes y quieres volver.
Pero es un sentimiento que he tenido otras veces y solo fueron instantes previos a la guerra.
Y al final caigo en la cuenta que mientras hablábamos y me convencías con tu tono, y tus labios, y tu cara y tu calma, que mientras pasaba todo eso, estabas comunicando para otro.