Las manos que vuelven de la guerra no acarician porque estan heridas, o llenas de cicatrices y tiemblan.
Esas manos son violentas porque conocen la derrota y están dispuestas a todo.
Las manos que vuelven de ti son diez demonios en carne viva, humillados, acomplejados, porque se creían invencibles y, ahora, ya conocen a su reina.