No sé colgar

No sé colgar.
Hazlo tú. 
Necesito descansar.
Yo no puedo, hazlo tú.

Este semana nos veremos,
y pasearemos por la ciudad.
Te llevaré al cine, 
a ver esa película que me dijiste.
En esa sala pequeña, butacas negras y orgasmos sentados.

No sé colgar, hazlo tú. 
Necesito descansar.
Yo no puedo, hazlo tú.

Este semana nos veremos,
y te llevaré a cenar.
Algo ligero, un buen vino,
ese del dibujo de las flores y el río.
Después una copa cargada de hielo, y orgasmos en la parte de atras del coche.

No sé colgar, hazlo tú. 
Necesito descansar.
Yo no puedo, hazlo tú.

Este semana nos veremos,
y te llevaré a cantar.
Elegiremos una buena canción,
esa que habla de la emoción del comienzo.
Y nos despediremos, hasta la semana que viene con otro beso, y te morderé el labio.

No sé colgar.
Hazlo tú. 
Necesito descansar.
Yo no puedo, hazlo tú.

Infinitas veces

No necesito cien buenos días, solo necesito el tuyo.
No quiero mil abrazos, solo anhelo el tuyo.
No deseo un millón de besos, solo quiero el tuyo.
No busco estar en todos los lados, quiero estar contigo.

Y solo lo quiero, infinitas veces.


Olvido, perdón y venganza

En algún rincón del olvido,  
donde el tiempo se consume,  
se encuentra el perdón enterrado,  
el secreto más oscuro el alma.

Las heridas del alma se cierran,  
en el eco de un sueño pasado,  
y las sombras del odio se alejan,  
como hojas de otoño arrastrado.

Es el olvido una dulce venganza,  
que al rencor deja huérfano y solo,  
su poder es la mera balanza,  
que equilibra el pesar y el consuelo.

No hay tormenta que pueda durar,  
ni dolor que se quede en la mente,  
cuando el tiempo se decide a pasar,  
como río que corre silente.

En la calma del olvido profundo,  
se libera el espíritu herido,  
es la paz de un rincón sin segundo,  
donde todo se encuentra perdido.