Palabras imantadas

Uno aprende a mirar
cuando ya no espera salvarse.

Dejando que las palabras
suban despacio
desde un lugar oscuro.

Quizá había pasado ya
el tiempo necesario.

Entonces todo parece fácil:

las palabras se rozan,
se buscan,
imantadas,
río arriba.

Se ordenan
y forman una extraña verdad
que ilumina la noche.

Qué extraño privilegio
ver nacer un poema.

Dice así:

Déjalo comer.

Es un mosquito obstinado
y no puedes matarlo.

Déjalo beber de ti
hasta que no le quepa
ni una gota más.

Después se irá
a vaciar otro cuerpo,
más joven
y generoso.

Vendrán entonces
años hospitalarios.

Pero regresarás,
como regresa el sol
a la casa sombría,

con una sonrisa bajo el brazo
y otros muchos bellos insectos
a los que salvar.

Guapos y delgados

El amor engorda. Y qué guapos y delgados estáis todos.

Da igual

Da igual quién lo decida, llorarás igual.