AÑOS HOSPITALARIOS

[Intro]

Uno aprende a mirar
cuando no espera salvarse,
cuando la noche se abre
y necesita explicarse.

[Verse 1]

Deja que suban despacio
las palabras desde el fondo,
como animales heridos
que aún reconocen tu rostro.

Quizá ya fue suficiente,
quizá era cuestión de tiempo.
Ahora se rozan y avanzan
contra la corriente del miedo.

Se buscan,
se encuentran,
se atraen sin hacer ruido.
Remontan el río oscuro
hasta llegar al principio.

[Pre-Chorus]

Y se ordenan frente a mí
las palabras con luz de contrabando.
Qué extraño privilegio
verlas nacer en mis manos.

[Chorus]

Déjalo comer,
déjalo beber de ti.
Es un insecto obstinado,
solo sabe sufrir.

Déjalo comer,
no lo intentes detener.
Cuando ya no quede nada
buscará otra piel.

[Verse 2]

Beberá hasta el final
cuando ya no quede una gota más.
Después se irá triunfante
hacia la oscuridad.

Buscará un cuerpo más joven,
más ingenuo y más generoso.
Una casa todavía abierta,
un corazón menos roto.

Y tú te quedarás mirando
el recuerdo en el techo,
preguntándote en silencio
qué parte de ti se fue con él.

[Chorus]

Déjalo comer,
déjalo beber de ti.
Es un insecto obstinado,
no ha aprendido a vivir.

Déjalo comer,
no lo intentes aplastar.
Hay criaturas que no se salvan
hasta que no se encuentran solas de verdad.

[Bridge]

Vendrán entonces
años hospitalarios,
pasillos blancos,
domingos necesarios.

La luz entrando
por ventanas entornadas,
y tu nombre escrito
en el cristal de la mañana.

Vendrán los días
a pedirte lo que queda.
Y tú aún guardarás el sabor del verano
debajo de la lengua.

[Final Verse]

Pero regresarás,
como regresa el sol
a una casa sombría
que había olvidado el calor.

Regresarás despacio,
sin promesas que cumplir,
con una sonrisa bajo el brazo
y cicatrices para compartir.

[Final Chorus]

Déjalos comer,
déjalos beber de ti.
Son los pequeños animales
que te enseñaron a seguir.

Déjalos entrar,
no los vuelvas a expulsar.
Hay por ahí muchos bellos insectos
a los que salvar.

[Outro]

A los que salvar…
a los que salvar…

Una extraña verdad
ilumina la noche.

A los que salvar.

Palabras imantadas

Uno aprende a mirar
cuando ya no espera salvarse.

Dejando que las palabras
suban despacio
desde un lugar oscuro.

Quizá había pasado ya
el tiempo necesario.

Entonces todo parece fácil:

las palabras se rozan,
se buscan,
imantadas,
río arriba.

Se ordenan
y forman una extraña verdad
que ilumina la noche.

Qué extraño privilegio
ver nacer un poema.

Dice así:

Déjalo comer.

Es un mosquito obstinado
y no puedes matarlo.

Déjalo beber de ti
hasta que no le quepa
ni una gota más.

Después se irá
a vaciar otro cuerpo,
más joven
y generoso.

Vendrán entonces
años hospitalarios.

Pero regresarás,
como regresa el sol
a la casa sombría,

con una sonrisa bajo el brazo
y otros muchos bellos insectos
a los que salvar.

Guapos y delgados

El amor engorda. Y qué guapos y delgados estáis todos.