Frenado ante tan pesada maquinaria
de autodestrucción masiva.
Todos los vasos siguen medio vacíos,
a pesar de contar con la más tierna humedad.
La voz, el desorden y el silencio del poeta
se ciernen sobre el terreno devastado
por los enclenques sordomudos de nuestra copiosa humanidad.
Declamar críticas delante del espejo
no soluciona las paranoias metrocuadráticas de la inseguridad.
Sobre piedra grabamos nuestras reacciones,
que eclosionarán sobre la piel camaleónica de las lluvias
torrenciales y los vientos huracanados de nuestra poderosa mediocridad,
disfrazada de libertad.


Pensamiento III

A Dylan le han dado un premio.(Por Joaquín Sabina)

Knock knocking on heaven’s door,
los tiempos están cambiando,
no sé si para mejor.

Contigo premian a todos
los que redimen cantando
el carpe diem a su modo.

Príncipe de Asturias, Dylan
con botas de Minnesota,
con tigres en la mochila.

Al seis lo caga la sota,
a la vejez Peter Pan,
al que naufraga el que flota.

¿Qué se fizo el gran truhán?
remando contracorriente,
tomando donde las dan.

¡Qué príncipe tan prudente!
pero lo premia, en Oviedo,
el corazón de la gente.

Robert Zimmerman, qué miedo,
si te cuelgan la medalla
yo me voy, pero me quedo.

Like a rolling stone, canalla,
pásate un pelo de listo
sin pasarte de la raya.

Te han llamado Jesucristo
pero ejerces de cristiano
bicorne como Mefisto.

Catulo del buen pagano,
con una flor en el culo
y un disimulo en la mano.
Descansando en el silencio,
esforzándome para volver a encontrar
la serenidad entre tanta pasión,
sabes que desapareceré
si vuelvo a notar que sigue ahí,
después de tantas noches sin dormir.

Los significados se alborotan
en esta gran cabeza vacía,
la verdad se escribe de muchas maneras
sobretodo cuando se pierden la guerras,
si sintiera que tengo que huír
tú serías la última en enterarse delante de mi atril.

Te llamo y no me contestas
y siento que calle abajo
tengo que empezar a correr,
no tengo suficiente con el olor
que dejaste atrás ayer,
mis amigos me dicen que no volveré a salir
cogido de la mano de mi mono favorito, ¡el anís!.

Siento que te defraudaré
después de desfraudarme a mi mismo
si no consigo arrinconar el miedo a un lado,
pero las inevitables paranoias
son tan poderosas como su voz ronca,
hace años que hubiese dejado de escribir,
pero necesito la rima que me sonríe al confiar en ti.



Volver a confiar