DIL

No hay belleza en las comidas,
ni en los recados ni en la compra.
No hay belleza en el despertador,
ni en el matrimonio ni en las perchas.
No hay belleza que se encuentre
en la pasta de dientes y la lejía.
Ni en los deberes ni en los quehaceres.
Ni en nuestros labios secos que hablan
de deudas y de partir cuentas.
No hay belleza en la agenda ni en las fechas que asoman.

No hay belleza comparable a sostenerlos en nuestras manos.
Belleza de abrigarlos, acariciarlos, y dormirlos después del día.

Belleza que es alarido silencioso, profundo y doloroso, fantaseando con verlos saltar mañana por la ventana abriendo sus alas.

Buscándose libres sobre nuestros hombros quejosos, en una suerte de techo y familia al punto, sobre el camino virgen que viene de nosotros.

fIN

Hemos perdido algo
que no fue nuestro
hemos ganado algo
que fue de todos
dime que me entiendes cuando te digo que no a todo.

me pides que sea perfecto
y no me dejas equivocarme mil veces
perdirte perdón
rendirme a tus pies
ocultarme de tus verdades


abriré la puerta
y diré la verdad
y la llave sigue puesta
y nada se mueve
todo se queda
la verdaD huele a muerte.

Hemos decidido saltarnos las cién primeras páginas
leer la ciento uno y después mirarnos a los ojos y no pedir perdón.

Hemos decidido que todo esto no va con nosostros
que no sabemos sufiente, que nunca lo supimos y que 
somos dos personas corrientes, llorando y corriendo,
buscando no tener final.

sON

el tiempo sana todas las cosas
pero hay cosas que solo sanan
con el tiempo.

el derecho y el despecho
una vez por vida

y la fuerza todos los días
me repito cada mañana

con heridas desiertas de cicatrices abiertas.