Rastro y perfume

Ningún crimen es perfecto,
ni el de anoche ni el de ayer.
Todos dejan rastro, y perfume 
de seda llamando a tu puerta.

Todo delito merece un castigo
que equilibra la culpa y la pena 
con el placer, el pálpito y el vértigo.

No hay vuelta a la calma
sin el virus de la duda
acechando en tu ventana.

Tus ojos se abren al silencio
jaquecado. Respiras hondo.
Mañana, hoy no,
tu vida en pólvora explotará.