en el desierto,
en un segundo nocturno
llegarían a mis oídos
después de sortear los cactus
i acariciar las serpientes.
Sería capaz
de rastrear tu olor
sobre el asfalto
de goma negra
en esta carretera infinita
para llegar a tu cama.
Un celo primitivo
me devora por dentro
cuando pienso en ti,
que es a todas horas,
como una fuerza solar
que atrae a mi piel.
Calor, calor que corre
cada quilómetro, y miedo
en este viaje sin motel
surcando el polvo de estrella,
alimento para alimañas
peligrosas y bellas.
¿Qué bebería hacer en lugar
de acercarme a tu vida
con tus rutinas, mis dudas?
¿A caso no pesa ya suficiente
esta maleta bomba imposible
para mis brazos flacos?
Pero, entonces, me sacudes
con otra foto de perfil
que agrieta mi pecho de piedra
por donde entra tu luz de mediodía,
y dispersas mis miedos,
conectándome, otra vez, a ti.