me alejo de los gatos.
Dame la mano,
te enseñaré un sitio escondido
entre mis palabras.
Mi problema,
uno de ellos,
es que sé qué quiero sentir,
reconozco ese sentimiento,
ya lo sentí otras veces
y no me conformo con menos.
Y aunque nada es suficiente,
me encantas y con eso basta.
No me preguntes en qué pienso;
solo ves la punta del iceberg.
Es mejor así,
¿acaso me iba a saber explicar?
Sentirme querido,
estar en ambos mercados,
acariciar tus pechos,
mientras te como el cuerpo,
pero las calles siguen vacías,
las luces apagadas,
susurros de nombres olvidados,
y risas trasnochadas.
Me despido,
me siento en un banco,
observo las hojas caer,
la promesa de la primavera caduca,
dibujo en la arena el instante
en que todo se torció.
No me preguntes en qué pienso;
solo ves la punta del iceberg.
Es mejor así,
¿acaso me iba a saber explicar?
Mientras tanto,
de un lado a otro,
llamando a tu puerta, a veces cerrada,
y andando por el campo:
aire en la cara, agua en las manos,
y hierba en los pies.
Con el corazón abierto,
como un libro al viento.
No me preguntes en qué pienso;
solo ves la punta del iceberg.
Es mejor así,
¿acaso me iba a saber explicar?