Desvelado

Me he desvelado. No puedo dormir. ¿Sigues despierta? Sí, los ruidos de la calle son un galope frenético en mis oídos. ¿Por qué no duermes? ¿En qué se distrae tu pensamiento? En tus senos perfectos, islas de café tostado, con pezones como botones de ébano. En tu piel, tersa y morena, un abrigo que el otoño ya quisiera. En tus piernas, interminables como flamencos comiendo bajo una cascada desnuda. Y esa fiebre no me deja dormir. Ojalá pudiera estar ahí, para remediar tu insomnio. Ojalá tenerte aquí, a mi lado, como dos libros que se besan en la estantería. Y después, debajo y encima, como una tarta de chocolate derritiéndose al sol, capa tras capa, hasta desmayarme en un dulce sueño.