La vida perfecta

Dicen que los artistas viven por nosotros la vida que no nos atrevemos a tener.

Por miedo, por no morir.
Por no hacer daño, por no hacernos daño.
Por no equivocarnos.
Por no soltar el control sobre lo que, al final, es incontrolable.

Ellos, en cambio, hablan del miedo, lo recorren, lo habitan.
Mueren un poco en cada verso,
se dejan la voz en una canción,
pierden la vista en cada boceto.

Porque tienen el arte de perder.
De perderlo todo, perderse a sí mismos,
de irse quedando sin nada
mientras nosotros coleccionamos días.

Nosotros, tan bien hechos,
tan cómodos en nuestras vidas perfectas,
con el cuerpo perfecto,
el trabajo perfecto,
el coche perfecto,
el viaje perfecto,
la cocina perfecta,
la familia perfecta.

Tan perfectos que, cuando nadie nos ve,
en las sombras, el artista que enterramos nos susurra al oído que todavía seguimos vivos.