Te agito las ansias
y no recibo más que aplausos.
En la cuerda floja te sostengo
y no consigo burlar tus copiosos abrazos.
De noche me pierdo y me dibujas
el camino a casa. Si me da por engañarme
no tardas en convencerme y retomo el sueño.
He roto con el miedo para casarme a ti.
Te agito
Vuelta a casa
- Soy yo, el carcelero. ¿No me reconoces?
Guardé de tus padres, de tus abuelos y pronto de tus hijos. Sólo me faltas tú.
Vamos ven conmigo, vamos. Cógeme de la mano y te daré sitio.
- Lento, despacio, cuidado con los charcos.
¿No querrás entrar en mi casa con los zapatos mojados?
Más despacio, despacio, cuidado con esa rama.
Ya estamos, ya hemos llegado. Entra.
- ¿Te gusta?
Ahora olvida. Olvida, olvida.
El recuerdo sufre, y sufrimos.
- ¿Qué hay escrito en esa pared?
- Nada sólo un aviso. Relájate y olvida. Olvida.
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