mujer desafiante,
con fuego en tus ojos,
dejando estacas en prados verdes,
las risas ecoan abrojos.
¿Qué día mató tu infancia?
¿Qué hechicera te creó?
Tu alma no respira, pero
te adentras, imprudente e ingenua.
No huyas de tu reflejo,
pierde un pie,
cae.
¿Dónde guardas las guerras no acabadas?
Aquellas que nos encadenan.
Te entregaste a las ansias y a los potros del amanecer,
y ahora, acumulas odio y aves carroñeras.
Aunque surques el aire, eres hoja muerta.
Ya nadie te seca, y sigues confundida
en el camino infame que creas:
Cada amante, una nueva herida.
No escapes de tu mirada,
rompe la joya,
deja que caiga.
Que te cojan,
o quizás,
te escriban la verdad:
Tu libertad es un antifaz engañoso,
y el amor no busca engaños.
Inspiración de luces y sombras,
de piel tersa y canela,
torbellino de teorías, focos y mentiras,
entrelazado en tu red de araña.
No ciegues tu resplandor,
rómpete una alhaja,
cae.
Cada amante, una nueva herida.
No escapes de tu mirada,
rompe la joya,
deja que caiga.
Que te cojan,
o quizás,
te escriban la verdad:
Tu libertad es un antifaz engañoso,
y el amor no busca engaños.
Inspiración de luces y sombras,
de piel tersa y canela,
torbellino de teorías, focos y mentiras,
entrelazado en tu red de araña.
No ciegues tu resplandor,
rómpete una alhaja,
cae.