Mi dulce condena

Hasta los pájaros están condenados al cielo.

Yo me ato a ti, a tu cama, a tu cuerpo: 
mi dulce condena.

Guardianes de la galaxia

Pasa cada noche, hay sueños que se divorcian, otros se separan. Otros, más habitualmente, siguen en un largo invierno, fingiendo. Otros se distancian. Otros, menos, se arreglan.

Nosotros no. Nosotros somos espaciales: como una supernova, estallamos en mil pedazos.

Y vosotros, sedientos espectadores, podéis admirar nuestra estrella muerta en el cielo, sin necesidad de telescopios ni artilugios artificiales, allí a lo lejos en una galaxia muy muy lejana, justo donde se amontona toda la basura galáctica.

Sean felices

Yo quise mantenerla en mis brazos,
y ella me dijo que me quería.
Qué le voy a hacer si, en realidad, 
ella no pensaba en mí.
Al menos, hasta que me di cuenta,
fui feliz.

Una vez estuve en una nube 
en lo más alto de las montañas,
allá donde todo es bonito y no hay maldad.
Bueno, y caí, y me di cuenta, 
pero fui feliz.

Alguien puede decir, 
hoy el compromiso son 100 giros 
a la izquierda y uno a la derecha.
No lo niego, soy sincero, hasta que me di cuenta, fui feliz.

El amor es tan frágil 
como las manos que lo sostienen.
No me digan que todavía no lo saben.
Es posible, pero hasta que no se den cuenta, sean muy felices.