Arde

Arden las promesas que nos hicimos.  
Arden los sueños que nos prometimos.  
Arde el recuerdo de lo nuestro.  
Arde el silencio de la retirada.  
Arde la esperanza de volver.  
Arde el camino que hicimos.  
Arde la verdad en los oídos.  
Arde el amor en el calendario.  
Arde la risa en los ecos.  
Arde el futuro por la mañana.  
Arde la soledad por la noche.  
Arde la pasión en la cama.  
Arde la fe en la casa.  
Arde el valor cada lunes.  
Arde el deseo en las aplicaciones.  
Arde la vida en el reloj.  
Arde la luz en la ventana.  
Arde la palabra en los libros.  
Arde el instante que te dije adiós.  
Arde la belleza en tu espejo.  
Arde la canción de tu recuerdo.  
Arde el arte en tu mirada.  
Arde la inspiración del instante.  
Arde el misterio al girar la esquina.  
Arde el destino en mis manos. 
Arde la alegría en un mar de lágrimas.  
Arde la tristeza en mi cara.  
Arde la paz en los papeles.  
Arde el ego en mi pecho.
Arde el coraje en la cara del miedo.
Arde la paciencia en mis piernas.  
Arde el consuelo en los labios.
Arde el perdón en el rencor.
Arde el equilibrio en lo imposible. 
Arde la libertad en el camino.
Arde la claridad en la incertidumbre.
Arde la naturaleza que no supimos ver.
Arde el agua, el aire, la tierra.
Arde el fuego,
y de la ceniza nace una flor.

Viajé

Viajé a tierras lejanas,
busqué bajo los cielos,
un amor, un destello brillante
en rostros demasiado aburridos.

Regresé, vacío,
sin amor ni sombras escondidas
en los bolsillos.

Y tú sigues ahí, temblorosa,
extendiendo tu mano, generosa.
¿Dejamos que la alquimia haga el resto?

Chica del oeste del norte

Si viajas por el oeste del norte,  
donde los días son fríos y tiemblan las manos,  
busca a la chica de los tristes ojos verdes,  
que vive en la orilla de la ciudad de la niebla.

Si te encuentras en algún lugar lejano,  
lejos, allí donde el sol no amanece,  
dile que me encuentro bien,  
que no tenga dudas; resistiré hasta el final.

Espero tu carta, explicándome  
si aún pasea al romper el alba,  
cuando los peces duermen  
y el rocío hiela la hierba de los márgenes.

Me gustaría saber si alguna vez piensa en mí,  
si aún habita donde el olvido,  
si sigue aburrida,  
o si logró arrancar la raíz muerta de la rutina.

Si todavía te encuentras en el oeste del norte,  
donde el viento húmedo agrieta tus manos,  
pregúntale si, algún día, 
desea volver a besar mis labios
como hizo aquella vez 
tras el telón del invierno.