Somos

En las calles heladas de la ciudad,
patinamos, persiguiendo espejismos de lo que creemos ser.
Somos lo que los demás piensan,
sombras en sus mentes,
formas moldeadas por sus deseos y miedos.
Pero también somos lo que mostramos,
fachadas sonrientes y perfectas.
Máscaras de piel, escudos brillantes bajo el foco de la multitud.

Y en el silencio de la noche, solos,
luchamos contra lo que realmente somos. Un tumulto de pensamientos, deseos y dolores, mucho más complejos de lo que nos permitimos ser.

Al final, nadie, realmente, conoce a nadie. Tan solo interpretamos imágenes que se nos acumulan en el inconsciente,
papeles secundarios en el gran teatro de la vida.

Las paredes oyen nuestras risas verdaderas y llantos profundos,
testigos silenciosos de nuestras batallas internas.

En el amor, somos vulnerables, idealizamos y sufrimos. Por eso, abrimos puertas traseras, para no permitir que nunca más nadie camine sobre nuestros secretos. 

Compartimos lo que no nos importa, y olvidamos rápido aquello que igual de rápido vino y se fue.

Si es verdad que la vida es un baile entre lo que se ve y lo que se oculta,
un juego de espejos donde la verdad se enamora de la mentira, bailemos por la honestidad brutal,
por la belleza sin posturas,
por ser nosotros, sin lista de errores ni precio al acierto. Y sigamos preguntándonos:
¿quién soy en este loco universo?

Te celebro

Te celebro 
como se celebra lo que no se finge.  
Te celebro sin estar aquí.  
Te celebro en tus días malos.  
Te celebro aunque no celebres conmigo.

Te celebro, mujer viva.  
Te celebro en la noche y el día.  
Te celebro buceando en tu bañera.  
Y te celebro lejos, en mi recuerdo, en tu olvido.

Te celebro sin pastel ni velas.  
Te celebro y celebro tu beso viejo.  
Te celebro, diosa dormida, despierta.  
Te celebro en esta noche fría.

Luché

Quiero que sepáis,  
pero todavía no es el momento.

En algún lugar del futuro  
ocurrirá esa conversación;  
las preguntas brotarán afiladas,  
y yo, como todo lo que os debo,  
contestaré con sinceridad.

Os contaré que luché, 
luché con todo por vosotros.  
Y no fue hasta el final,  
todavía desconocido,  
que no retrocedí  
y dejé la mano vencida sobre la cama.

Que aunque hubo momentos  
que me asomaron al límite,  
seguí luchando.  
Dudando de mí y de mis fuerzas  
como nunca, pero no de vosotros;  
de vuestra sonrisa y mirada, de vuestras fuerzas, 
de vuestro garabato en una libreta roja con la palabra "Papá".

Luché, os prometo que luché  
por vosotros, por vuestro derecho
a una vida plena,  
libre de nosotros y de nuestras miserias, libre del pasado.