Sonia al desnudo

Dicen que no querías más que conocerme
Yo no sé si es verdad
Pero diré sí aunque no sepa
Éramos jóvenes y valientes y todavía no sabíamos dónde nos iba a meter la vida 
Qué vida más bonita vivimos rodeados de juegos y tequilas.
Qué vida tan frenética, dame fuego, quién nos lleva a bailar?

Todo era tan bonito.
Quien iba a pensar que acabaría así.
Sois la pareja perfecta. Oh, ojalá nosotros fuéramos como vosotros,
Tú eres tan guapa y él también.

Al final nada funciona si no funciona del todo. No se puede simular todo el tiempo. Eres mi error, yo soy tú pareja. Eres mi error, tú eres mi pareja.

Dicen que tuvimos hijos, que yo me fui, que todo lo que dijimos buscó un final inesperado. También dicen que la jueza te dijo lo que era justo. Cuanto rencor recorrió tu cuerpo antes de abandonar el juzgado?

Vivir desnudo

Las calles están llenas de cuerpos que no se avergüenzan. Está bien que hayamos perdido el miedo a desnudarnos ante los demás. Es un buen síntoma, algo que habla de que la cabeza va bien.

Hoy, muchos podrían irse a la cama con cualquiera que les calentara lo suficiente, pasar una buena noche y largarse a la mañana siguiente, cada uno por su lado, con una sonrisa colgando de sus labios. Pero quizás no sea ese el desnudo que más nos conviene. No el de la piel, sino el otro, el que realmente jode: el desnudo emocional. 

Hablo de mostrarse tal cual uno es, sin caretas ni silencios. Ni caras bonitas en torsos desnudos que eclipsan la mediocridad. Porque podrías inventarte cualquier historia, montarte una fantasía mientras te revuelcas desnudo, y sería excitante, pero al final no sería real, porque no es sostenible en el tiempo. Puedes vivir en una puta mentira, pero te vas a joder la vida. 

La solución es abrirse a los demás. Pero ojo, no hablo de ir llorando por las esquinas buscando que te escuchen sin consuelo en un bucle infinito. Eso es otra cosa, diría que mucho peor. Hablo del intercambio de palabras, de recitarle al mundo ese montón de palabras que proteges con tu vida. Que te vean, que te lean donde te duele, que sepan por qué te duele y cuánto te ha costado llegar hasta ahí. Que sepan a qué te abrazas cuando nadie te ve.

Yo mismo pasé por eso hace unos meses. Llevaba años guardando palabras bañadas en oro, acumulándolas como muebles viejos en el trastero, hasta que decidí vaciarlo. Mudarme a un nuevo lugar, con paredes transparentes y vistas al maldito mundo.

Y lo hice. Joder si lo hice, y tengo que reconocer que me fue bien. Encontré algo de paz. Dormí mejor. Y, por fin, con el trastero vacío, pude vivir desnudo.

Tiempo de espera

Mi corazón tiene candado. No hay código que lo abra, solo dos años de tiempo de espera.