Todavía infinito

Dicen que la realidad se crea cuando alguien la observa,
pero yo prefiero no mirarla demasiado.
No vaya a ser que todo lo que aún es posible
se convierta en lo de siempre.

Que un beso sea solo un beso.
Que una historia sea solo una historia.
Que el amor sea solo una cosa
de las que se gastan.

Porque lo contrario a vivir no es morir,
es esperarte.
Es aguardar en la esquina de lo que no sucedió,
como un verso que nunca se atrevió a rimar.

Nos pasamos la vida intentando ser perfectos:
el cuerpo perfecto,
el trabajo perfecto,
el amor perfecto.
Nos convencemos de que es suficiente,
pero en las sombras,
el artista que enterramos nos saca a bailar
y nos susurra al oído
que todavía seguimos vivos.

Y dime,
¿hay algo más jodidamente perfecto que la nada?
Quizás tú, pero no creo.
Quizás tú otra vez, pero cómo estar seguro.

Así que aquí estamos, finitos,
coleccionando días,
dejando que lo que no somos
naufrague contra el infinito.

Es esperarte

Porque lo contrario a vivir no es morir, es esperarte.

La vida perfecta

Dicen que los artistas viven por nosotros la vida que no nos atrevemos a tener.

Por miedo, por no morir.
Por no hacer daño, por no hacernos daño.
Por no equivocarnos.
Por no soltar el control sobre lo que, al final, es incontrolable.

Ellos, en cambio, hablan del miedo, lo recorren, lo habitan.
Mueren un poco en cada verso,
se dejan la voz en una canción,
pierden la vista en cada boceto.

Porque tienen el arte de perder.
De perderlo todo, perderse a sí mismos,
de irse quedando sin nada
mientras nosotros coleccionamos días.

Nosotros, tan bien hechos,
tan cómodos en nuestras vidas perfectas,
con el cuerpo perfecto,
el trabajo perfecto,
el coche perfecto,
el viaje perfecto,
la cocina perfecta,
la familia perfecta.

Tan perfectos que, cuando nadie nos ve,
en las sombras, el artista que enterramos nos susurra al oído que todavía seguimos vivos.