Qué vida ahí fuera

Y es que ya llevo 6 meses
sin tocar a nadie.
6 meses sin oír un gemido
que no venga de mis tripas,
6 meses sin oler un olor
que no sea el sudor de mi propio cuerpo.

6 meses sin dejarme caer en cualquier cama
para olvidar a base de jadeos y cerveza caliente.
6 meses sin esconderme bajo la piel de nadie,
sin fingir que alguien me salva
o que yo salvo a alguien.

¿Y al final tienes lo que querías?
Lo dudo, joder.
Porque tú nunca quisiste nada,
excepto verme roto
y pedirle al karma que hiciera el trabajo sucio.
Porque tú nunca entendiste
que no es que te amara,
es que no te soportaba,
cansado de recordarme por qué me quedaba.

Y es que ya llevo más de 6 meses
sin compartir el plato,
sin hacer el amor,
sin reírme de cualquier mierda
para hacer más civilizada la resaca.

Más de 6 meses
sin oír a la nostalgia hablándome en mis sueños,
sin imaginarme cómo nos hubiera ido si...
Más de 6 meses sin restos tuyos
en la nevera o en el plato de la ducha.

Y qué tranquilo.
Y qué paz.
Y qué vida me espera ahí fuera sin ti.
Aunque a veces me expliques
cómo has cambiado,
qué cosas tan increíbles estás haciendo,
y en qué persona tan maravillosa
te estás convirtiendo.

Y es que ya llevo más de 6 meses,
6 meses sin bajar la voz,
6 meses sin hacer equilibrios
entre quedarme
y hacerles daño.

Y es que ya llevo 6 meses
sin odiarme por elegirte con 20 años.
Y, por primera vez,
en mucho tiempo,
en esta casa no hay fantasmas.
Solo yo, más que suficiente.

Líquidos

Dice Bauman
que corren tiempos líquidos,
y eso parece.
Todo se desliza entre los dedos:
frágil, volátil, enfermizo,
como un día con demasiada prisa por caer al vacío.

Nos enamoramos por inercia,
y nos desenamoramos por pereza.
Amamos la velocidad,
y follamos como quien hace la compra.
Luego nos largamos, sin hacer ruido,
antes de desayunar.

Dice Bauman
que el compromiso pesa demasiado,
que somos una sociedad inmadura,
como la resaca de una noche que ya no recuerdas.

Y saltamos de chat en chat,
coleccionando historias cortas
y olvidos rápidos.

Relaciones de usar y tirar,
como un cigarro entre cuatro,
como un polvo sin nombres,
como un “Eres especial y te quiero,
pero no estoy preparado”.

Dice Bauman, sí.
Pero el vacío nos llena a todos.
Esa maldita sed insaciable
por una notificación más.

Tan líquidos,
que nos volvemos transparentes.
Nada nos afecta lo suficiente.
Nada nos duele demasiado.
Nada nos quiere tanto.
Nada importa,
y todo fluye, pasajero.

Bueno, todo menos una pregunta:
¿Y si el siguiente es todavía mejor?

Mi leitmotiv

Si esto fuera una película, ellos serían mi leitmotiv: presentes en cada plano, recurrentes en cada escena, protagonistas de cada trama, dando sentido a todo lo demás.