Y es que ya llevo 6 meses
sin tocar a nadie.
6 meses sin oír un gemido
que no venga de mis tripas,
6 meses sin oler un olor
que no sea el sudor de mi propio cuerpo.
6 meses sin dejarme caer en cualquier cama
para olvidar a base de jadeos y cerveza caliente.
6 meses sin esconderme bajo la piel de nadie,
sin fingir que alguien me salva
o que yo salvo a alguien.
¿Y al final tienes lo que querías?
Lo dudo, joder.
Porque tú nunca quisiste nada,
excepto verme roto
y pedirle al karma que hiciera el trabajo sucio.
Porque tú nunca entendiste
que no es que te amara,
es que no te soportaba,
cansado de recordarme por qué me quedaba.
Y es que ya llevo más de 6 meses
sin compartir el plato,
sin hacer el amor,
sin reírme de cualquier mierda
para hacer más civilizada la resaca.
Más de 6 meses
sin oír a la nostalgia hablándome en mis sueños,
sin imaginarme cómo nos hubiera ido si...
Más de 6 meses sin restos tuyos
en la nevera o en el plato de la ducha.
Y qué tranquilo.
Y qué paz.
Y qué vida me espera ahí fuera sin ti.
Aunque a veces me expliques
cómo has cambiado,
qué cosas tan increíbles estás haciendo,
y en qué persona tan maravillosa
te estás convirtiendo.
Y es que ya llevo más de 6 meses,
6 meses sin bajar la voz,
6 meses sin hacer equilibrios
entre quedarme
y hacerles daño.
Y es que ya llevo 6 meses
sin odiarme por elegirte con 20 años.
Y, por primera vez,
en mucho tiempo,
en esta casa no hay fantasmas.
Solo yo, más que suficiente.