Tranquila, hazlo despacio
tómatelo con calma
lo que te pido es difícil lo sé
como limitarse a pensar en un vaso de agua
cuando se tiene sed
Yo te susurro al oído
tú sólo mira hacia delante
notarás como una dulce brisa acaricia tu piel
como la sensación que se tiene sentado sobre la calma
de la madrugada del primer amanecer.
Ya lo puedes ver, ¿verdad?
estamos sólos rodeados de otros bancos
donde se sientan los presentes de los demás
en un jardín inmenso
como la tierra cotidiana del día a día
pero que noche tras noche queda sin explorar.
No seas impaciente
sigue sentada y cógeme de la mano
es un momento demasiado especial
como para consumirlo andando
hacia ningún lugar.
Cada banco tiene delante su propia flor
tan ingenua y tan magnífica
como la noche en su madrugada
como el día en su atardecer
como tus ojos azules la primera vez.
Te veo algo inquieta
no quieras levantarte por favor
con calma conseguiremos congelar este instante
como se detiene el reloj de la eternidad
en tiempos de enamorados.
Me gustaría que simplemente
nos conformáramos con la visión casi mística de nuestra flor
sin preguntarnos que hacemos aquí
como las dudas que nacen ante el miedo
de volver a tener algo nuevo entre las manos.
Fíjate bien, mira a tu alrededor
hay personas que andan desesperadas
buscando un nuevo banco dónde sentarse
como condenadas al exilio de permanecer
eternamente sobre sus pies.
Mantenernos aquí sentados
solamente depende de nosotros dos
seguir disfrutando lo mejor de cada uno
como esa flor que simboliza el encanto, la delicadeza, el esplendor
de sentirse morir en la superficialidad de los motivos.
No queramos acabar con todo ello
por saber más el uno del otro
no consintamos que la inseguridad arranque la flor
como la certeza de saber que existe un sólo dios
como la divinidad que recorre la ceguera del vidente.
Si tu quieres
podemos disfrutar muchisimo más
sentados sobre el banco del futuro con retraso
como durmiendo sobre el presente perenne
de la flora que nos rodea en este jardín antiestacional.
Ahora que ya sabes
donde nos encontramos
te soltaré la mano y esperaré a que decidas
sin promesas ni juramentos
como la tranquilidad sospechosa del enamorado antes de recitar un nuevo verso.
y ahora si tu quieres
vuelve a cerrar los ojos
La flor prometida