Cuidar de ella es como cuidar de él.
Con ella subo y bajo los recuerdos y
me lleva hasta su puerta:
quisiera entrar, decirle lo mucho que le extraño,
sobretodo los días en que siempre me veía sentado.

Al momento vuelvo a casa y me refugio y le escribo.
Así lo evito, driblo el abrazo cansado.
La pena le envuelve y no quisiera romper a llorar.
Aún así le veo, desprotegido, cansado.

pronto le abrirán las puertas del cielo y
olvidará su condena con piel redimida,
a un cielo del fracaso.



Absuelto