Me han fallado y ninguno se ha excusado.
La borrachera del segundo sigue de pie y
los abusos del primero son granizos incansables
que no estallarán nunca.
Ahora sus horas son burbujas que van desapareciendo
sobre sus cabezas: delicadas,
disfrazadas en la intranscendencia de sus vidas.
Siempre tenemos lo que merecemos dice Quique y yo,
llorando lo que viene, he robado dos bellas burbujas
que teñirán sus canas y perdonarán sus penas.
Me toca a mí dejar bien alto sus nombres.
para parar de llorar