me vienes y te plantas
delante mío y
sin titubeo me dices:
- Has de escribir más. ¿Por qué no escribes algo? ¿Un libro? ¿Un cuento? Con la excusa de tu hijo lo tienes fácil, no?
Recuerdo escribir. Recuerdo noches delante el teclado.
También recuerdo que te molestaba que lo hiciera.
Me pregunto qué motivo tendrás para permitirme escribir.
De nuevo, compruebo: la ridiculez del ser que simula la posesión, el absurdo dominio sobre la cosa exótica.
El otro día