yace un perfume afrutado,
y el marrón de tu cabello;
la suavidad de su piel desnuda.
En lo explícito,
se desbordan las lágrimas,
en los rostros despidiéndose.
Ese aroma, esa imagen, ese tacto.
Los instintos, desbocados,
toman las riendas.
La memoria, artera y dividida,
cobra vida. Y lanza,
sin tregua, recuerdos
de un amor adolescente,
que vuelve, indefenso, eternamente.