que salivas en tu boca y
escupes a los demás.
Yo, mientras tanto, desmantelo mi vida, la desembarco, la deshabito,
la vendo por cuatro dientes de barro.
Esta cama ya no es mía.
Esta casa tampoco es ya mía.
Aunque consuela que la sonrisa que te cobija
es mentira como tú,
y tampoco, como yo, te va a durar.