Maldita estrella

Eras una maldita estrella,
brillante, lejana,
ardiente, peligrosa.

Me calentaste la vida, sí,
pero al final, demasiado cerca,
ardí como un imbécil
que cree que el fuego se puede besar.

Me quemé los labios,
las manos,
los sueños.

Hasta lograr alejarme,
a trompicones,
con el humo tóxico en los pulmones
y la vida hecha cenizas.

Me consumiste.
No se abraza una estrella,
se contempla.
Es imposible arder 
y respirar a la vez.

El olvido

El olvido es un recuerdo que finge estar muerto.

En la frontera

En la frontera, dos labios que se abrazan,
como si el amor pudiera romper la geografía.
Pero el amor, lo sades, es solo un pacto efímero
entre dos que fingen no saber demasiado.

En la frontera, un recuerdo es el eco de aquella despedida.
Y más tarde, te aferras herida a un espejo roto.

En la frontera, el destino es un libro
con todas las páginas ya escritas.

En la frontera, besas como quien traduce un idioma desconocido,
sabiendo que te equivocas.

En la frontera, las ciudades están partidas,
las calles no acaban,
y tu sombra se aferra a las farolas.

En la frontera, las derrotas te hacen inmortal.

Y así eres, pero solo en la frontera.