Señora creo que ya lo tiene, ha encontrado lo que buscaba, ¿verdad?, amor del bueno, el de toda su vida, pero antes de firmarme el juramento que por ley se ha de firmar en la venta de este tipo de amor, déjeme que le dé un consejo pero primero prométame que no le dirá a nadie que se lo he dicho yo - Se lo prometo - No sea tonta y no firme el contrato. Los dos quilos de conocida rutina que estoy apunto de venderle ya los ha probado y no le gustaron, digamos que no le hicieron bien la digestión. Déjeme decirle, sin compromisos, que en la siguiente parada del mercado es donde yo voy a comprar un nuevo amor cada noche o cada vez que lo necesito. Una vez allí pregunte por un tal "cupido" así es como se hace llamar, no es su nombre real pero es una broma que tenemos entre comerciantes de amor, usted ya me entiende. Bueno pues en esa parada venden los mejores amores que este corazón alla probado jamás y sabe lo mejor - No - que no has de firmar en ningún sitio para llevártelos y probarlos, pueden ser duraderos como los que aquí, en esta parada, vendo y puede que no, eso es lo mejor, no son nada predecibles. Y eso para mí es lo mejor, no me gustan las cosas con olor a rancio y si le soy sincero mi almacén esta repleto de amores rancios. Señorita haga usted lo que más prefiera, yo he intentado darle algún consejo pero usted es libre de hacer lo que quiera puede conformarse o buscar algo mejor, pero piénselo bien, aún está a tiempo de volver cuando quiera a esta parada y comprar este amor que tanto conoce - La mujer mirando el contrato - Déjeme en paz, ¿Dónde tengo que firmar? - Aquí en este espacio en blanco de la parte inferior - Gracias - Gracias a usted señora y no olvide a mi amigo cupido, él no se olvidará de usted créame...
"Quizás Cupido se vista de demonio y el demonio de cupido, entonces mejor no conformarse"
La fábula de Cupido y el Demonio