a sudado de subir y bajar escaleras,
la belleza que me va y me viene,
las estrellas sólo salen de noche
y mis hormonas se alborotan al verte
sobre el blanco del papel, describiendo
tu cuerpo sudado sobre el mío,
mas sé que me has engañado,
pero sigo obligándome a olvidar
que la vida está un poco más vacía
desde que tú no estás.
Deseo que todos tus desvíos sean mortales,
que la sangre que te brote brille más que el sol,
para que yo consiga verte y alce mis dos manos,
la primera te tapará los ojos
y la segunda te ofrecerá tu última tentación.
A un lado de la carretera te olvidarán,
sólo la muerte atenderá tu autostop,
y morirás esperándome,
pero sigo obligándome a olvidar
que la vida está un poco más vacía
desde que tú no estás.
Tu agenda se llenará de gente corriente
con nombres copiados o inventados,
el callejón desolación será tu casa de verano
y las inquietudes mosdisquearán tu cabeza.
Aprenderás dos cosas nuevas en tu vida:
la primera será a odiarte a ti misma,
y la segunda a amar a tu peor enemiga.
La ley me impide acercarme a ti
pero sigo obligándome a olvidar
que la vida está un poco más vacía
desde que tú no estás.
Nadie más te volverá a amar,
el telón estará siempre bajado,
la tierra arderá bajo tus pies,
jugará con tus movimientos la mala suerte,
tu belleza se marchitará en primavera,
te engancharás a la droga de mis zapatos,
los príncipes azules estarán todos borrachos
y las brujas se olvidarán de sus recetas
pero sigo obligándome a olvidar
que la vida está un poco más vacía
desde que tú no estás.
Siempre me verás con otra,
sólo recibirás flores en tu tumba,
el gallo siempre amanecerá con malas noticias
y la magia siempre será negra.
Tus nombres no te servirán allí a donde vas
porque en el infierno de Dante
ya saben que bebes veneno
y comes de todo menos caviar,
pero sigo obligándome a olvidar
que la vida está un poco más vacía
desde que tú no estás.
Me firmaste la licencia para matarte
el día que me dijiste la verdad,
vi que detrás de ti había la misma mujer
y en mi bolsillo roto una foto de carnet
maltratada y bañada
en lágrimas, agarré lápiz y papel
y descargué el cargador de palabras
enterrándote, caliente y amnésica,
en las mismas diapositivas que, hoy, me recordarán
que la vida sigue tan vacía
desde que tú no estás.
Licencia para matarte