- ¡Buenos días! Aunque aquí abajo esté tan oscuro, le prometo que en la superficie está haciendo un día increíble, de los que le sacan a uno de casa. ¿Cómo le va?
- ¿Quién eres tú?
- No creo que esa sea la mejor pregunta que me pueda hacer, más bien me podría preguntar qué hago aquí. Trabajo revisando la profundidad de los pozos y entre otras tantas faenas me ocupo del estado anímico de las personas que en ellos encuentro. Como he podido comprobar al bajar hasta aquí, se puede observar que no pierde el tiempo, la profundidad de este pozo es asombrosa y no parece que sea usted muy mayor. ¿Cuántos años tiene?
- No me haga perder más el tiempo, tengo mucha faena.
- Bueno no se ponga así. En cuanto me vaya podrá seguir excavando más en si mismo.
- No necesito que vengan a convencerme de nada, yo elegí estar aquí y aquí seguiré. Ese empeño me hace seguir adelante.
- Eso es muy relativo, mi querido anfitrión.
- Que yo sepa no le he invitado a venir hasta aquí abajo.
- No era más que un decir. Me refiero a que es relativo que ese empeño le haga seguir hacia delante, yo diría que le hace seguir hacia abajo. Adentrarse más en si mismo. A estas alturas viendo su situación no creo que mantenga el contacto con nadie más, ¿verdad?
- No lo necesito.
- Sí que lo necesita. Todo el mundo lo necesita. Le voy a poner como ejemplo a la última persona que he visitado antes de entrar en su pozo. No tenía más de 2 metros y algo de profundidad su pozo. Esa persona, que como puede pensar voy a mantener su identidad en secreto, tenía una escalerita con la que subía a la superficie, de vez en cuando, para relacionarse con las demás personas de esta zona. A mi modo de ver una persona inteligente porque entiende que debe dedicarle el tiempo justo y necesario a su yo más introspectivo y también salir a la superficie a relacionarse con las demás personas.
- Yo no necesito eso. Estoy bien solo.
- Pero quizás deba considerar otras alternativas, ¿no cree?
- ¿Para qué has bajado hasta aquí? No me vas a convencer de nada. Es mi elección y voy a llevarla hasta el final con todas sus consecuencias. No tengo nada más que decirte, así que será mejor que te marches.
- Por temas contractuales le tengo que dedicar a cada persona diez minutos de mi jornada laboral. Tendrá que aguantarme tres minutos más. Le haré unas cuantas preguntas más y me iré. Se lo prometo.
Uno de los factores que me gustaría evidenciar en mi informe, es que, es tal la profundidad de su pozo que no creo que pueda hacer otra cosa que no sea cavar.
- ¿A qué se refiere?
- Pues, es evidente que la luz no llega tan abajo y es imposible hacer cualquier actividad que no sea cavar. Seguramente hace tiempo que ha dejado de preocuparle su físico, pero es una lástima que al mismo tiempo haya tenido que dejar de leer, por ejemplo.
- ¿Cómo sabe usted eso?
- Hombre no olvide que llevo mucho tiempo en este trabajo y conozco las inquietudes de gente tan introspectiva como usted. Una de ellas es la lectura y como puedo intuir aquellas sombras que se adivinan en aquel rincón parecen libros.
- Es muy observador.
- Más bien intuitivo. A estas profundidades a las que estamos es imposible ver algo. Incluso es muy difícil verse a uno mismo.
- No necesito verme a mi mismo, ni ver nada más. Hace un tiempo decidí no pasar ni un minuto más rodeado de la gente que vive allí arriba. Tuvieran pozo o no, no me aportaban nada. Así que decidí aislarme por completo y adentrarme en mi mismo.
- No crea que es el único. En tantos años de experiencia me he encontrado personas mucho más difíciles que usted. He visto muchos casos diferentes. Incluso en algunos casos he encontrado pozos abandonados, pozos con túneles a otros pozos e, incluso, pozos sin fondo. Esos aun después de muchos años de estudio son todo un misterio.
- Todos los pozos han de tener fondo.
- Bueno ésa es una de las posibles teorías. Existe otra teoría que dice que las personas que excavaron esos pozos volvieron a la superficie por el lado opuesto a por donde lo empezaron.
- Eso es lo que pretendo yo. Leí esa teoría cuando la luz del día aún me lo permitía y cansado de lo que me ofrecían en la superficie, decidí intentarlo.
- Es muy duro el camino que ha decidido vivir.
- Estoy convencido de que encontraré la luz al otro lado.
- ¿Y si no lo consigue? No existen evidencias de que nadie lo haya conseguido, todo son suposiciones. Y otro factor a tener en cuenta es que habrá dejado muchísimas cosas atrás que, posiblemente, el tiempo que le quede no le permitirá recuperar.
- ¡Márchese!, ya ha cumplido los diez minutos.
- Está bien me marcharé pero piense que aún tiene la posibilidad de volver. Si me quiere acompañar yo le ayudaré a rellenar el pozo hasta la profundidad mínima que usted necesite. No olvide que es bueno tener una parte profunda. La vida forma parte de un todo formado por una lado profundo y por otro superficial, pretender vivir en un sólo lado de los dos no ayuda nada a llevar una vida sana.
- No necesito sus consejos. Esa vida, a la que usted se refiere, es la que me empujó hasta aquí abajo y ahora no pretendo corregir nada de lo que he hecho. ¡Es absurdo!
- Absurdo o no, estoy convencido de que echa de menos la sensación de saber cuando es de día y cuando de noche. Le hablo de la capacidad de aliviar la realidad con el sueño. Le hablo de esa capacidad que desarrolló y eclosionó con el tiempo y le hizo tomar la decisión de seguir y seguir excavando. Permítame que le haga la última pregunta, ¿Dónde encuentra el alivio que tanto necesitó y necesita?
- No lo encuentro, por eso sigo excavando y excavando.
- No lo olvide, vivir en la más absoluta oscuridad no es ninguna transición a la luz. ¿Qué podría encontrar usted al otro lado que sea diferente a lo que ha vivido?
- No lo sé. Pero posiblemente esa sea la única motivación que encuentro en estos momentos. Encontrar algo que sea totalmente diferente a lo que he visto hasta ahora.
- Le entiendo, aunque le quiero dar un último consejo:
Convénzase a si mismo de que la luz que pretende le cegará en el mismo instante que roce sus ojos porque esa luz que anhela forma parte de su más profunda oscuridad.
- No quiero sus consejos.
- Sigo entendiéndole pero también entiendo que su situación es desesperada.
- Quizás sí, pero es mi elección. Inténtelo con las personas que no hayan llegado tan profundo.
- Lo intentaré. Que le vaya bien y espero que encuentre lo que busca.
- Seguiré excavando, aunque posiblemente tenga razón y lo que busco ya lo haya tenido entre mis manos pero, una y otra vez, me falló sin piedad.
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BCF-> Aquí tienes el cuento que me pedías. Y ahora que ya lo has leído sabrás que no tengo nada más que decirte, quizás sí escribirte pero nada más que contarte.


Pozos. S.A.